jueves, 28 de enero de 2016

Ebria Danza - El Manicomio De Las Palomas (Triquinoise Producciones1992)

En la era pre-internet cada nueva edición de Triquinoise Producciones era un acicate para mis neuronas y jugos gástricos. Difícil era saber que se iban a encontrar tus oídos cuando dejases caer la aguja sobre el vinilo, y más si se trataba de un grupo que se estrenaba. Antes de recibir el disco era prácticamente imposible haber escuchado algo, a no ser que vivieses en su zona de influencia, y en mi caso esto no ocurría muy a menudo.
Ebria Danza venían de Castellón, una ciudad pequeña que por aquellos años basculaba entre una nueva escena punk, al amparo del sello Matraka Diskak, con El Último Ke Zierre y 1ª Komunion como puntas de lanza, y el indie emergente en todo el país que tuvo en los Estudios Waves, en los que trabajaba Juanma Mas, uno de sus primeros centros neurálgicos. Allí grabaron sus primeros trabajos gente como Usura y Silvania. Completaban el paisaje castellonense de la época el irreductible Morcillo y los prolíficos Los Brujos, que continuaban dándole al rock y al pop respectivamente, ajenos a casi todo.
Pero, por lo escuchado en este disco, parece que ninguno de los agentes exógenos anteriormente nombrados tuvo la mas mínima influencia a la hora de modelar el sonido del grupo. Así que no queda más remedio que aceptar los factores endógenos como única pista para tratar de vislumbrar el extraño lugar del que nacen las diez canciones de este Manicomio De Las Palomas.
De la pluma de Emilio Herrando, encargado de las letras, surgía una mitología exuberante, casi indescifrable, que se desarrolla en lugares como el archipiélago aullador, las torres del paraíso, isla cristo o el valle del verdugo, en los que se preparan extraños brebajes como la salsa de muerte, en el que habitan unicornios tramposos, el pez pezón de ortiga y castillo, junto con enfermeras de Dios, los padres de las sonrisas, Jesús de Locura, ninfas de las nieves y los niños del terror, entre otros.
Y de los instrumentos, estrujados al límite por Sergio Ibañez, Javier Sanz y el propio Emilio, surgen capas y capas de sonido y ruido en permanente lucha con la voz, otra vez Emilio, que en ocasiones se desdobla y desdobla en gritos, susurros, recitados, alcanzando cotas muy cercanas a la anarquía sonora, como ocurre en Dama Del Sol Muerte.
A base de guitarras, bajos y cajas de ritmos principalmente y con la ayuda puntual de violín, clavicordio, piano, armónica y batería, Ebria Danza se convierten en una especie de juglares apocalípticos que lo mismo crean oraciones que recogen leyendas paganas como en Sinfonía Del Sol Luna, que gritan desesperadas historias de amor como en Las Vírgenes De La Madre Luna. En Basurero De Alma llegan a apaciguar el gesto, pero sin olvidarse de retorcerlo de manera desagradable al final.
En este manicomio todo lo que habita es extremo, raro, deforme y solo las continuadas visitas consiguen que nuestros mecanismos de defensa hagan que surja la belleza de tan atroces visiones, aunque nunca se pueda evitar un ligero escalofrío al pasar el umbral.
La producción del disco se repartió entre el propio grupo, Javier Corcobado y Juanma Mas. Estos dos últimos tocaron también en un par de canciones, Juanma aparece aportando programaciones y cajas de ritmo, y Javier con su guitarra en una y, curiosamente, como batería en otra.



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