domingo, 15 de marzo de 2015

Carlos Izquierdo - Ciel De Lucioles (Luscinia Discos 2014)

Miguel iluminado por las luciérnagas
Hoy toca eso que tanto nos gusta, colaboración de un músico en nuestro blog. Tenemos con nosotros a Miguel Pérez, compañero de trabajo al que conozco desde hace un par de años. Normalmente la mayoría de profes de música con los que me he topado no pasan del folclore de las islas y de la música clásica, así que no pude evitar decirme "menos mal" cuando recién llegado al centro le oí hablar de Esplendor Geométrico. Con Miguel nunca se sabe, un día lo puedes encontrar en la sala de profesores fustigando a los compañeros con El Columpio Asesino, y otro puedes asomarte a su aula y ver a los alumnos atónitos mientras improvisa al piano.
Compagina su dedicación a la docencia con lo que me parece que le gusta aun más, la composición y los escenarios. Titulado en tuba, su pasión es el piano. Desde 1990 no ha parado haciendo música para la radio, la televisión, el cine, poniendo en marcha una orquesta de swing, dirigiendo bandas municipales, colaborando en programas de radio, escribiendo los arreglos para algún disco de Nacho Artacho y unas cuantas cosas mas.
En 2010 comienza su andadura en solitario editando su primer disco como compositor e intérprete de piano, que titula Biotza. A este le seguirá, en 2013, Oporto. Ambos discos los ha autoeditado, y ahora sé que anda inmerso en la composición de su tercer trabajo, Amanay que grabará en Sevilla este verano.
Cuando conocí la música de Carlos Izquierdo, de inmediato pensé en Miguel para que apareciese por aquí dejándonos sus impresiones y él aceptó de inmediato. Por si alguien no sabe de qué va esto, paso a explicárselo en pocas palabras. Simplemente se trata de dos personas hablando de un mismo disco, cada uno de espaldas al otro, dos opiniones que solo una vez publicadas se verá si se complementan, enfrentan o no tienen nada que ver. Eso es todo, Miguel y yo ya les dejamos con Ciel De Lucioles.

Miguel dice:
Lo reconozco, adoro la música repetitiva. Entrar en el nirvana a través de las vibraciones sonoras es mi droga favorita. A veces marginal, a veces incidental, e incluso ligeramente cinematográfica, esta extraña y deliciosa música del compositor alicantino Carlos Izquierdo es una rara mezcla de medievo y minimalismo. Medievo en esas notas largas del violín ligeramente desafinadas, minimalismo en los arpegiados y moderados acompañamientos del piano que huyen de toda armonía virtuosa, de sonidos gratuitos y apariencia. El delicioso temblor del violín de Amélia Quessy en la tercera pieza, o la desafinación del piano por el registro más agudo de la cuarta, contrasta con esta inspiracion pautada, esta música bellamente encarcelada en un orden atemporal que escapa del rancio equilibrio occidental del temperamento perfecto, de la música sin alma verdadera. Quizá la sexta pieza sea la más romántica, con esos borrones gigantes de sonidos graves, nublistas, que a piano solo resultan aún más crudos, casi tanto como el principio del fin, una tecla desnuda en mitad de la nada infinita que se multiplica, que sin explicación construye un acompañamiento que es melodía y viceversa, como las dos caras de un ser bipolar, maravillosamente esquizofrénico. Y qué decir de los finales abiertos de estas seis pequeñas joyas. Gracias Carlos.

Alfredo dice:
Aquí estoy, medio escondido, escuchando esta maravilla de disco. Ana me dice que la pone muy melancólica, le da cierta tristeza escucharlo. A ella siempre le ha gustado el bullicio, el movimiento de gente y la ciudad. Estas canciones son todo lo contrario, parecen inspiradas en la inmensa calma de la naturaleza, hechas desde la contemplación de cielos estrellados, lejos de huellas humanas. Idea que refuerza el maravilloso y sobrio artwork de Marcos Aldeguer. Sin embargo, a pesar del sosiego que transmiten, salvo esa catarsis final que es Imagina Paisajes, a mi me resulta un disco lleno de vida, en el que también hay tensión y pasión, al estilo de aquella gran película que es "Microcosmos. La Gente De La Hierba". Solo hay que fijar un poco los sentidos para sentir llover las notas del piano en la inicial Dessiner La Pluie o para enredarse en los aires procedentes de la piel de Venus que trae el violín de Voces Inmensas.
Estos son los instrumentos que aparecen en el disco, y engancha la continuidad del violín frente a la discontinuidad del piano, que suena y se desvanece a cada pulsión, para resurgir inmediatamente, sobre el manto que le confeccionan las cuerdas o simplemente sobre el silencio cuando se queda solo, como en Equilibrio. Seguro que esta contraposición tiene nombre, o se puede explicar mejor, pero es que uno de lo que no sabe, no sabe, solo lo siente.
Así, este segundo trabajo de Carlos Izquierdo atesora seis piezas sin final y casi diría que sin principio, seis piezas que atrapan fragmentos de acontecimientos que empezaron a suceder en el principio de los tiempos y que jamás terminarán, porque la vida es eso, un continuo inasible en su totalidad. Y ya les dije que de vida es de lo que están llenas estas canciones.
Objetivamente, algo menos de media hora de música, que empíricamente es capaz de distorsionar la percepción del tiempo, lo mismo podía estar horas sonando y mantenerlo a uno igualmente absorto, que se ha ido en un abrir y cerrar de ojos, algo similar a cuando uno es incapaz de determinar cuánto lleva con la mirada perdida.
Solo mes queda decirles que el violín lo toca Amelia Quessy, y el piano, Carlos Izquierdo. Y que en 2013 debutó con Campo Cero, en esta ocasión solo al piano. Ambos álbumes han tenido su edición física a la vez, a finales del año pasado, gracias al buen hacer de Luscinia Discos.

Miguel quiere que escuches Voces Inmensas.



Alfredo quiere que escuches Imagina Paisajes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada