Este disco suena como Princesa Iballa en 1984. Princesa Iballa es una urbanización de unos 40 bloques de cuatro pisos sin ascensor y dieciséis familias por bloque, encerrada entre la Carretera General Santa Cruz - La Laguna y los cuarteles de la Avenida de Ingenieros. Todavía se puede ver la placa con el yugo, las flechas y no se qué leyenda del instituto nacional de la vivienda haciendo mención a su condición de viviendas de protección oficial en la puerta de alguno de ellos. Debe ser una de las zonas con mayor densidad de población de Tenerife. Trescientas y pico mil pesetas, "fueron las últimas que se vendieron baratas antes de la crisis del petróleo" (la de 1973), "era un pisito muy agradable", es lo que suele añadir mi padre cada vez que alguien hace mención a nuestra antigua casa.
Obras y coches abandonados sobre bloques de construcción como dormitorios improvisados, y muchos bares, el de Horacio, el del herreño, el que tenía el futbolín en la acera, la hamburguesería Ilusión, el bar Manila, con cortina, luz roja en la puerta y un horario diferente, el Bar Nuestro, el de Ingenieros y unos cuantos más, en 200 metros de calle.
Abajo, en el cruce, el bingo Aspronte, grandes neveras para aquellas señoras que habían aprendido ya la lección, primero hacer la compra y después jugarse lo que quedaba. Rondaban siempre por allí hombres con sus babas y sus ojos que decían intercambio dinero por un alivio rápido, dispuestos a enseñarla y a dar una segunda oportunidad a quien había equivocado el orden y no había tenido suerte con los cartones.
Un señor gigante con los dientes destrozados, bigote mejicano y una enfermedad degenerativa que le impedía hablar y moverse con normalidad atendía a veces en el estudio fotográfico. Asustaba, aunque lo conicieses, y cuando le pagabas te decía "¿a qué esperas?" y yo decía "la vuelta". Entonces alargaba su mano de gigante con extraños bultos en todas sus articulaciones, me apretaba el cráneo y me hacía girar 180 grados y se reía. Era bueno jugando al ajedrez. Otro señor, cuyo aspecto duplicaba a su edad, ojos hinchados y piel del color del vino, golpes en el mostrador pidiendo otro vaso, siempre enfadado, alcoholizado, lo creíamos inmortal. Como también lo era aquel al que llamábamos El Pegamento, siempre con su bolsita, para un lado y para otro, con muchos pantalones y camisetas puestos uno encima del otro.
Descampados, jeringas, pero también restos de revista porno que escondíamos para reutilizar. Don Hiliberto con sus prismáticos, asomado a su ventana, siempre oteando las de la pensión que alquilaba habitaciones por horas al otro lado de la carretera general. Mi vecina, nada agraciada, anunciando, reemplazo tras reemplazo, que se casaría con el "machaca" que paseaba de la mano en cuanto él acabase la mili y volviese de la península, de ver a sus padres. Ninguno volvió. Las baldosas rotas enfrente de Don Paco, justo donde cayó aquel señor del bloque 6 que no aguantaba más. Y el que decidió ahorcarse en los árboles de detrás del mercadillo.
Mi padre era militar, un día escuché como le decía a mi padrino, que venía de Madrid un par de veces al año, "cada vez que sé que voy a llegar tarde a casa cargo con la pistola por si acaso". Niños sin camisa desplegando la violencia que traían bien aprendida desde casa, el Guelillo bajando las escaleras que daban a la calle de abajo con su Montesa 360 para escapar de los monos. Los tres pibes que siempre pasaban charlando animosamente, dos caminando y el otro metido en una vieja carretilla que hacía de silla de ruedas, las mantas que lo cubrían hacían que solo fuese visible su mitad superior de cuerpo, siempre me preguntaba por dónde estaría seccionado aquel tipo. También aquella madre que gritaba a su hijo "¡escóndete!, ¡que tu padre te está buscando!", ya sabía lo duro que podía ser su marido.
Y entre todos aquellos estábamos nosotros, los de la placita, pasando miedo e intentando dar miedo, pero siempre en la calle, justo en aquel momento en que, recién pasada la decena de años, cambiábamos las guerras de piedras y de tártagos por fumar colillas y escupir en el suelo, las pelotas por los cojones. La Heavy Metal, Eddie en el pecho de nuestras camisetas, y también la Dojo para aprender a pelear. Patadas en el esternón, Nunchakos hechos con palos de fregona, muy larga la cadena chaval, repetía el Pichirolo. Tomándonos la justicia por nuestra mano, enfadados, contra todos, palitos en las cerraduras y mierda de perro extendida en las persianas de las tiendas que no nos dejaban sentarnos por fuera, bolsas de basura volando y entrando por las ventanas abiertas de los primeros pisos, meadas desde el puente de la autopista. Nuestros primeros pasitos...
Así, enferma e inolvidable, desesperada e imperfecta, impactante, tensa y cruda sonaba la Princesa Iballa de entonces, que ya solo existe mitificada en nuestros recuerdos. Ahora la basura se coloca en contenedores y no forma la inmensa montaña que se divisaba nada mas entrar en la calle. Pocos discos suenan en mi cabeza como este que cocinaron, sobre papel de plata, Javier Mª Almendral, Germán Sánchez y Paco "Serrucho" Cárdenas con la ayuda de Juan Bullón "Johnny" en algunos coros y de Carlos Desastre en la composición de un par de temas.
Volvemos hoy con nuestra querida sección Artista Invitado, y en esta ocasión tenemos con nosotros a Luis Ángel Abad, más conocido como Koldo en los ambientes musicales de la ciudad del Turia, donde empezó a asaltar los escenarios a mediados de los noventa con Felpudo Tos. En 1998 llegó la edición del primer disco del grupo, Tos Felpudo, editado por Subterráneo Records, y del que recientemente se ha fraguado un remake a cargo de un buen montón de bandas de todo el estado como Elle Belga, Viva Bazooka o Césped De Verdad. Tanto el disco original como este Tos Felpudo Remade 1998-2015 se editarán juntos, creo que más pronto que tarde, en un doble vinilo de la mano de Borx Records.
Felpudo Tos cesaron su actividad en el año 2000, dejando inacabado el que iba a ser su segundo disco, Un Ejército De Codos Contra La Punta De Un Buque, y Koldo casi desapareció del universo musical, investiguen Sotánica si les apetece, ocupado en otros menesteres. Tardó en reaparecer, pero lo hizo con ganas. Junto con Alberto, que ha militado en La Secta, Yogur, Athom Rumba y Billy Bao, formó Pupa para participar en la edición de 2014 del Festival de Arte Experimental MEM. Como testigo de esta unión quedó el EP Desengranajes, que se puede escuchar en el bandcamp de Luisito Lechuga, su proyecto en solitario que arrancó en 2014 con la edición de Lettuce B. Esta grabación es la primera referencia de Born Fossil Tapes, sello que él mismo lleva adelante y que plantea como una obra conceptual que reflexiona irónicamente sobre la vigencia de los formatos.
Si vamos mas allá de su faceta musical, el mundo de Koldo es prácticamente inabarcable. Creativamente se define como un organismo biocultural extremófilo situado en algún lugar al límite de la palabra, que gusta de situarse en un terreno de operaciones MultiNdisciplinar. Así, en su obra podemos encontrar ensayo, novela experimental, dibujo, pintura, mixed media y creación audiovisual. Aparte, ha ejercido la docencia universitaria durante una década y colaborado con distintos medios como Levante, Ruta 66, Mondosonoro... además de ser autor de Rock contra cultura (Biblioteca Nueva 2002) y Mito e industria cultural (Alfons el Magnánim 2003), libros que salieron de su tesis doctoral sobre cultura del rock. Aquí y aquí pueden ustedes encontrar más información sobre nuestro hombre.
Al contrario que en otras ocasiones, después de la participación de Alberto Serrano en esta sección hablando de Tos Felpudo, fue Koldo quien se puso en contacto con nosotros para charlar, y al comentarle que también se había puesto sobre la mesa Granero Responde Ovejas de Fitzcarraldo, nos indicó que él hablaría de ese disco con mucho gusto. Más contentos nos pusimos nosotros al poder contar con su colaboración. Hoy ven la luz su texto y el mio, hecho cada uno sin saber lo que cuenta el otro, para que los lea todo el que quiera.
Koldo dice:
Con el disco de Fitzcarraldo se me juntan muchas cosas. Mi experiencia como oyente, mi asentamiento en Valencia, el videoclip que les montamos, el germen de mi banda Felpudo Tos. Y por supuesto mi relación con ambos, especialmente personal con Pili.
Como oyente Fitzcarraldo me enfrentaron a una experiencia desafiante. Eran evidentemente ambiciosos, y para mí suponían un ejemplo de lo que debían ser las propuestas surgidas en la música independiente. Luego se primó a bandas como Australian Blonde y Dover. El potencial del indie español se malogró desde mi punto de vista, pero eso ya es otra historia. Por el contrario lejos del rock facilón, “Granero responde ovejas” era una auténtica odisea sonora. En la galleta de CD, los títulos de los temas haciendo espiral anunciaban el vértigo de adentrarse en su escucha. Sin cortes prácticamente entre los temas, la música se iba desplegando en sugestivas imágenes desde el comienzo del disco. Alguien daba cuerda a un reloj, se oía una puerta, sonaban unas melódicas, un silbido despreocupado a lo lejos... Así comenzaba el paseo por los entresijos mentales de Truna y Arreis.
Granero responde ovejas acumulaba así escenas imposibles, según un planteamiento muy cinematográfico. Algo que Truna ha desarrollado posteriormente en su carrera, aquí estaba en germen. Entonces todavía no tenía a sus monstruos, pero Fitzcarraldo facturaban su propia escenografía sonora. El oyente se veía inmerso en una escena de suspense donde alguien llama de repente a la puerta. Participaba en un vals desplomado en el Titanic. Presenciaba trenes de juguete acelerando hasta descarrilar. Había momentos de Western, y dibujos animados, y lounge muy a lo Blake Edwards.
Toda aquella parafernalia no era pretexto contra su falta de pericia musical. Al revés, como dúo de rock eran bien competentes cuando se embalaban por el derrotero más directo. Esto es algo que pude constatar siempre que los vi en vivo. Me chocaba mucho el papel de la percusión, entre minimal y sin miedo a los cambios de ritmo. Y me molaba mucho el fuzz de las guitarras. Como en “El sol viene hacia mí”, con Pili dando timbales y esa guitarra tan funky hasta hacerse ácida. Enmarañada por sonoridades midi que hoy suenan tan vintage y naive.
El paisaje sonoro de Fitzcarraldo daba para todo. Una guitarra desvencijada abriendo “Ovejas”. Momentos progresivos en “El gran Askona pregunta a Granero”. Arpegiados, ritmos sincopados, una bossa nova podrida al hilo de una guitarra distorsionada hasta desembocar en una especie de momento de percusión tibetana, con la distorsión haciendo de viento en el Himalaya durante “Titara Taso”. Todo un ejercicio de improvisación, abierto por una distorsión que se despereza al tema siguiente. Roto como por un robot hasta que entran las melódicas y se produce una especie de jota con midi laser.
Mi parte favorita del disco enlaza el tema 8 con “Ojos”. Empieza con unos coros muy ambiciosos, con Pili entonando y cantando muy bien. Ella tiene una voz muy dulce, que siempre hace un contrapunto muy especial. Entona bien de oído. No necesita forzar. Tiene la música dentro de natural. Al reescuchar Granero responde ovejas, siento que en Felpudo Tos la desaprovechamos por asegurarnos un ejercicio de feísmo. Su forma de tocar la batería también es muy personal. Su batería favorito era Stewart Copeland de The Police, jojo me matará por contar esto. Gente como Marcos Junquera de Betunizer, me ha reseñado su groove y la libertad de espíritu que se nota en su forma de dar tambores.
“Infant tango para el tercer baile” tiene un momento funky genial, que se extiende en una progresión natural hasta un momento “palmas”. Otra vez demostrando que como dúo de rock eran muy buenos, muchos años antes de que el formato se pusiera de moda con White Stripes. Luego suspenden la interpretación en un momento DadaDaísta… y toque de atención con la varita de director de concierto para pasar al tema 9 a través de una serie de desarrollos progresivos brutales. Hasta que en torno a los dos minutos y medio generan un momento de pesadilla con violines descacharrados. Y todo esto no es más que el prolegómeno del track estelar, “Ojos”… En fin, extenderme en describir todos los momentos reseñables del disco sería interminable. Sigue todo en esta tónica hasta terminar con la canción cuyo título da nombre al disco, con un juego de distorsiones rodeando la voz de Pili en otro momento sencillamente apoteósico.
Koldo, infiltrado en el Granero.
Como suele ocurrir, el mundo sonoro de Fitzcarraldo era sólo un pálido reflejo de su mundo personal. Antes de escuchar Granero responde ovejas, conocí a Truna con idea de pedirle que musicara los poemas que publiqué en “Filetes de ternura”. Un amigo me habló del grupo a cuenta de un concierto muy raro que vio en el Politécnico, donde la bajista se había pasado toda la actuación de espaldas. No sé cómo di con él y quedé en su casa de Tapinería. Aquello era poco menos que el Merzbau de Schwitters. Una mezcla de vivienda-taller-lugar de ensayo, lleno de cachivaches, instrumentos, maniquíes recogidos de la basura… Era un sitio mágico que denotaba por cada detalle, que allí se vivía por y para el arte. Al lado vivía gente del El Otro Ilustre Colegio Oficial de Patafísica. Aquel entorno determinó mi posicionamiento creativo, ofreciéndome la referencia radicalmente vanguardista que la Facultad de Bellas Artes con todo su bagaje no me aportaba.
El vínculo con ellos se fue estrechando. En algún momento estuve a punto de irme a vivir allí y finalmente no fraguó. Creo que quizás fue mejor, se habría sumado excesivo caos. En aquel tiempo estaba interesado por la videocreación, y les propuse hacer un videoclip a cuenta de unas ayudas del Gobierno de Navarra. El verano de 1995 lo dedicamos a grabar en Tapinería. Andrés quiso que filmáramos en Super 8 e inmediatamente tuvo la idea de jugar con imágenes de peces que inflaban globos de colores. Yo planteé una especie de desafío absurdo entre un hombre y su mascota, donde pez y humano se retaban a ver quién aguantaba más tiempo fuera de su medio. La última imagen sería una cabeza humana sumergida en el agua, mientras un pez nadaba tranquilamente alrededor de ella. Andrés quería crear una intrincada maquinaria de poleas, algo absurdamente complicado para subir y bajar peces. Todo era en realidad un pretexto para divertirnos y mostrar el imaginario de Fitzcarraldo, que de natural ya era de sobra sugerente.
Un día de Julio nos vinimos del Mercado Central con un montón de morralla. No entraré en detalles de la parafernalia que montamos para que Andrés pudiera inflar los globos por un tubo a través de ellos. Digamos que no eran tiempos de efectos digitales. Antes de ese verano maravilloso Iván y yo habíamos comenzado a sacar canciones con guitarra y bajo, que sólo pasaban el corte si nos resultaban suficientemente ridículas. Nuestros amigos de Malasombra tenían nuevo número de su revista, y dijeron que nos incluían en el concierto de presentación si nos apetecía tocar allí. Le dijimos a Pili si quería participar en ese bolo con nosotros. Andrés la animó y ella dijo que adelante. Ensayamos una semana y dimos nuestro primer concierto como Felpudo Tos. Al volver del verano Fitzcarraldo se había roto por historias personales y Pili se quedó ya con nosotros. Andrés por su parte, andaba ensayando improvisaciones basadas en marasmos de ruido que grababa sistemáticamente en mini disc. Me contó que el habitáculo donde se encerraba para ello, incluía una botella para orinar de forma que nada interrumpiera su afán creativo. Eran mediados de los noventa, y el mundo estaba trunizándose.
Alfredo dice: Aterricé en Valencia en septiembre de 1992, y fue en octubre o noviembre la primera vez que me acerqué hasta Glop. Tocaban Los Clavos y El Inquilino Comunista y la plaza de Benimaclet me cogía cerca. Motivos más que suficientes. Yo estaba acostumbrado a ir a conciertos al aire libre, no se prodigaban mucho por aquel entonces ni bares ni salas que programasen conciertos en Tenerife y lo que abundaban eran fiestas de barrio y eventos mayores en la Plaza de Toros. Entrar en Glop me dejó algo descolocado, con aquel diminuto escenario de un palmo de altura. Las paredes estaban llenas de carteles, algunos nombres familiares, Amor Sucio, La Resistencia, creo recordar, y el más bonito de todos, el que se quedó impreso en mis recuerdos, el de un grupo desconocido para mí, llamado Fitzcarraldo. Me quedé con el nombre.
Para no aburrirles mucho voy a resumir telegráficamente los acontecimientos clave que ocurrieron durante el siguiente año y medio, y que hicieron que mi curiosidad por ellos creciera hasta obsesionarme ligeramente. Creo que este fue el orden en el que ocurrieron, parece lo lógico, pero no me atrevo a poner la mano en el fuego. Escucho por primera vez el maxi El Telar De La Locura de Carmina Burana y lo coloco muy arriba en mi clasificación personal de discos imprescindibles. Alguien me dice que en Fitzcarraldo toca el que fue bajista de Carmina Burana. Escucho el primer disco de Carmina Burana y lo coloco muy arriba en mi clasificación personal de discos imprescindibles. Alguien me dice que aquella chica que está allí, viendo a 713avo Amor en Bésame Mucho, como yo, tocaba en Fitzcarraldo. Voy y le pregunto si tienen algo grabado. Sí, tocamos dentro de poco en (no me acuerdo del nombre), que está en la zona de Cánovas, ven y te llevo una maqueta. Voy mal acompañado. Toma. Pone mi nombre, es preciosa, soy muy feliz. Mi acompañante me tortura psicológicamente durante todo el concierto, vámonos, vámonos, vámonos. No, no, no, y como venganza, cuando llegamos a casa pongo la cinta. Alucinante. Eran Fallas del 94. Me fui de Valencia. Se editó Granero Responde Ovejas. Corrí a comprarlo.
La sorpresa la atenuaron las mil escuchas que le había dado a la maqueta, pero no así la reconfortante satisfacción de escuchar de corrido este disco, olvidándome de la división en canciones, que comparte espíritu con otros discos tan únicos y especiales como el Todo Ubú de Los Iniciados o aquel mini-cd de Juan Crek y Pep Figueras que se llama Dos Hombres Chinos. Nada más he podido emparentar con Granero Responde Ovejas, y estas grabaciones, insisto, tan solo en espíritu.
Fitzcarraldo en este disco crea un folclore musical imposible de situar en ningún espacio y en ningún tiempo. Por su música desfilan danzas, costumbres, cuentos, leyendas y supersticiones tan fascinantes como incomprensibles a primera vista, pero que en las dosis apropiadas acabaron ejerciendo de salvadora vacuna para nosotros, mortales inoculados desde el nacimiento por el virus del lugar común musical. Su lenguaje nunca fue el nuestro, y así su realidad, su existencia, descotidianizó la nuestra, la de los que tuvimos la suerte de tropezarlos, y ahora, que ya no están, no nos queda mas remedio que agradecerles que una y otra vez, cada vez que suena este disco, nos pongan entre el extrañamiento y la pared, haciéndonos sentir que en cualquier momento, con un sonido inesperado, pueden talar nuestra cabeza y entregársela en sacrificio al Gran Askona, y además siempre contando con nuestro más absoluto beneplácito.
Gracias Dra. Arrais, gracias Dr. Truna.
A finales de 1987 abren los locales de ensayo Carabox en el madrileño barrio de Carabanchel, y en ellos coinciden Trifide::Freud, Los Moscardones, Demonios Tus Ojos y Usura, entre otros grupos. Allí se forjaron alianzas y amistades que han perdurado en el tiempo, y así hemos visto a Ana Bejar poner voces en los discos de Pablo Cobollo y Mate Almendral, a Nacho Laguna integrado en la banda de Corcobado, y a David García Bonacho poniendo su violín a disposición de quién lo solicite. También Corcobado dejaba alguna de sus letras a sus colegas, la de Santiago Y Terry acabó en el repertorio de Vírgenes Adolescentes, y Agua Fuera De Casa fue directa al primer disco de Soul Bisontes, nombre que había sustituido al de Los Moscardones en la formación que lideraba Pablo Cobollo.
A Soul Bisontes les había cogido cariño unos años antes de la salida de este disco, en concreto desde que escuché su primer Ep Corazón Veloz, así que la noticia de que su estreno en largo vendría de la mano de Alehop!, más que una una alegría fue una premonición de que nada podía salir mal.
La infecciosa El Telescopio De Jeremías, canción que abre el disco, lo corroboraba desde que la aguja comenzaba a surcar el vinilo. Lo que sigue es un remolino de estupendas canciones pop rebozadas de psicodelia salvaje elaborada según la receta secreta de los habitantes del extrarradio, y que el propio grupo bautizó como "charca sound". Pero por más escuchas que se le dé a este disco, se hace imposible que uno pueda discernir de manera racional cuáles son todos los ingredientes que conforman tan suculentas canciones, y no dará con su secreto hasta que abra la mente y acepte que la receta secreta es que no existe receta, sino libertad absoluta para incorporar en cada momento lo más apropiado para que sean ellas las que engullan al oyente.
Entonces es un placer sentir como el violín acuchilla el alma de Nadie Nace Domesticado, o como hace levitar ese Otoño Mal Calculado. Y se hace obligado contonearse escuchando como aúllan las guitarras de El Telescopio De Jeremías, y croar como un batracio la letra de El Moscardón, empujado por el bajo y el órgano. También resulta imposible no caer hipnotizado por la Lluvia De Soles y sentirte uno más de la banda de los Perros Eléctricos cuando te calzas tus gafas de sol.
Ya se encargan ellos mismos de darnos pistas en la última de estas catorce canciones, Ojo De Pez De Vecindario. Como el famoso objetivo extremadamente angular, Soul Bisontes rompen la norma, sorprenden y cautivan al espectador y lo trasladan a un mundo en donde nada es lo que parece. ¡Y que esto último lo haya sacado del folleto sobre teleobjetivos fotográficos que encontré en el último estudio que malamente sobrevive en mi pueblo! Así eran Soul Bisontes, maravilla, genialidad cotidiana y absurdo, como un museo de pantalones.
En este disco Soul Bisontes fueron Pablo Cobollo Lara a la guitarra y voz, Tintín García a la bateria y percusiones y Gregorio Karman al piano y órgano. Este último ocupa el lugar que había dejado temporalmente David García Bonacho, que en este disco solo aparece en un par de canciones al violín. Alberto "Sobornez" colaboró encargándose del bajo.
La portada, que es bien bonita, es obra de Lusmore.
Allá por 1988 mis gustos se debatían entre la música hecha en este país que no paraba de sonar en la radio más comercial y los nuevos-viejos grupos de rock que me hacían llegar mis amigos del barrio, Barricada, La Polla Records, Burning, Los Suaves...
En este contexto, Esclarecidos eran aquel grupo extraño que aparecía en los recopilatorios que por Navidades publicaba la entente Dro-Grabaciones Accidentales-Twins con los éxitos del año y que escuchaba en las visitas a la casa de mi amiga Merceditas. Un año se llamó Fiesta Total, al siguiente El Golfo, y allí, entre Hombres G, Rey Luí, Modestia Aparte, Loquillo Y Los Trogloditas y demás, se colaban Esclarecidos con canciones que no habían sido ni éxito ni nada y que hablaban de preguntarle a un tucán y qué se yo del amor al comercio. Me resultaba antipático encontrármelos, e imposible ubicarlos en alguna de las dos categorías que me interesaban.
No fue hasta unos años después cuando les cogí el gusto. Fue en 1991, año en el que editaron Rojo. Dos canciones de ese disco, Todos Mienten y No Hay Nada Como Tú (Soberbia), sonaban muy a menudo en Radio 3, emisora que solía escuchar por entonces. Además por esa época descubrí que algunos de sus miembros habían sido los fundadores de Grabaciones Accidentales, sello fundamental para el devenir musical de este país, y que en 1982 dio cobijo a algunos de las propuestas mas interesantes de las que poblaban la noche madrileña. En sus cuatro primeras referencias se estrenaron, además de ellos mismos, Décima Víctima, Derribos Arias y Los Coyotes. Pero es que encima, un poco después el sello apostó por proyectos de mas difícil catalogación, como Depósito Dental, Finis Africae y Música Esporádica, y se convirtió en el hogar de Mar Otra Vez. Todo esto hizo que se granjeasen mi mas absoluta simpatía.
La edición de Dragón Negro supuso el paso de la simpatía a la admiración. El disco los presentaba, como siempre, haciendo ese pop "que no te puedes esperar" marca de la casa, a su aire, pero dejándose permeabilizar lo justo por lo que sonaba a sus alrededores. Así en este disco las guitarras ganan presencia en comparación con sus trabajos anteriores, y aunque rara vez las sitúan en primer plano, aparecen como un elemento decisivo con el que el grupo rompe y hace avanzar por caminos imprevistos esos elegantes, tranquilos y personales paisajes musicales ricos en detalles, a veces exuberantes, otras exóticos, que ya eran seña de identidad del grupo.
Fruto de la experiencia de la banda, al editar este disco contaban ya con más de doce años en las trincheras, de su inconformismo y negativa a dormirse en los laureles, y de lo bien que canta Cristina a lo largo de todo es disco, no se les pasa ni una mala canción y para mí todas las del álbum están por encima del notable, variando las favoritas más en función de mi momento vital que de la calidad de las mismas. También está muy acertado Alfonso Pérez, que se encarga de los textos de casi todas las canciones. Preciosos y despreocupados versos los de Arriba Y Abajo. Las cuatro que cede las deja en las buenas manos de Pablo Guerrero, Berta Alfaro, Enrique Andrés y Javier Corcobado, que ya en discos anteriores les había entregado las letras de Tucán y Noche De Hiedra.
En este disco el grupo lo formaron Cristina Lliso, Coyán Manzano, Nacho Lliso, Miguel Herrero, Vicente Climent y Alfonso Pérez. Además colaboran en la grabación un buen número de viejos y nuevos amigos del grupo que responden a los nombres de Antonio Sauco, Manuel Illán, Marcelo Fuentes, Suso Saiz, José Luis Crespo, Tino Di Geraldo, Pablo Guerrero, Javier Paxariño y Luis Lozano.
El 0,7 que aparece en a parte inferior central de cada hoja del libreto me hace recordar viejas luchas y viejos sueños que no deberíamos abandonar.
La historia oficial no suele acordarse de los perdedores, y El Ángel lo tenía más que comprobado. De su paso por La Movida apenas se encuentra información, más allá de que militó en un grupo llamado Escaparates, del que no hay nada disponible para escuchar y por el que pasó fugazmente un joven Eduardo Benavente. Algo mas se cuenta en el prólogo, escrito por Ana Curra, del poemario Los Planos De La Demolición, confesiones como que fue El Ángel con quien Eduardo y ella compartieron su primer chute de heroína. Parece ser que nuestro hombre andaba ya mas curtido en estas cosas.
En algún momento de los ochenta él marchó a Uruguay donde continuó con su vida salvaje, hasta que volvió a aparecer por Madrid, puede que cuando terminaba la década o a principios de la de los noventa. Para zanjar el episodio referente a los primeros ochenta, y por lo escuchado en este disco, me atrevo a decir, aunque sin pruebas, que Escaparates no fueron un grupo de la movida, sino que coexistieron casualmente con ella. Por lo que el mismo Ángel dice en su libro, algo así como "¿hay algo más saludable que los Stones en su etapa más toxicómana?", y por la versión de Sister Ray que aparece en este disco, me da que el grupo no manejaba influencias "modernas" para aquella época, más bien que eran una banda de rock todo lo salvaje que les era posible.
El Ángel, en su regreso a Madrid, coincidió con Ana Curra, se reencontró con su colega César Scappa y comenzó a colaborar con la revista El Europeo. Como él mismo cuenta, ante la inminencia de su muerte, de la que era totalmente consciente, se organizó y dijo a sus amigos "ya veréis si vais a oír hablar de mi, voy a editar dos libros y dos discos". Al final su legado fue este doble CD y el poemario del que hablamos antes.
El disco apareció un día, antes de que yo supiera todo lo que les acabo de contar, en los estantes de la tienda que Discos Manzana tenía en Alcampo. La portada era magnética, media cara de un tipo que tenía la misma cara, la misma mirada, que los tipos que yo mas había admirado y temido de mi barrio. Al abrirlo, y ver que Ana Curra andaba metida en el ajo, ya lo tenía casi claro, pero al ojear el libreto y ver que también estaban Juanjo Pizarro y Dogo Rojo ya supe que urgía ahorrar para comprarlo.
Al ponerlo me llevé una desagradable sorpresa, una voz muy castigada, a la que parecía imposible que uno se acostumbrara decía eso de "escápate de mi" en un medio tiempo de rock en el que ya se intuía que las guitarras iban a tener mucho que decir a lo largo del disco. En la segunda canción, la instrumental Intro (Los Que Nunca Salen De Naja), ya corrían a sus anchas, afiladas como muy pocas veces se ha escuchado en este país, mientras que el órgano les daba la réplica, correoso y garagero. Y así siguió sonando el primer CD, entre la urgencia de Sucia Canción De Amor y la confesión de Cleo. En días sucesivos lo escuché varias veces, sin escuchar el segundo, intentando entender el extraño sabor de boca que me dejaban estas canciones, una sensación que nunca me había dejado la música. Pero la respuesta estaba justamente en el segundo CD, algo más explícito en sus referencias a la heroína, el callejeo, y esos ambientes que los que los conocen, en sus momentos de lucidez, desean no haberlos conocidos. Y de ahí venia el sabor de boca, era el mismo que se te quedaba cuando alguien al que apreciabas te contaba que un amigo suyo "que tú no conoces" ya pasaba de dar palos, que le era mas "fácil" bajarse a la Vuelta de Los Pájaros a chupar alguna polla y sacarse la pasta para el chute, o que otro amigo suyo, que tampoco conoces, se picaba en los huevos para que después de no sé cuantas desintoxicaciones no le vieran las marcas en casa, y lo dejasen dormir algún día en la que había sido su cama, y que en una de estas los huevos se le inflaron como una bola de petanca y se le llenaron de pus y que a ver quien coño podía arreglar aquello. El mismo sabor de boca que se te quedaba cuando alguien al que querías te contaba como habían dado un palo a un banco y que habían terminado tirando el dinero desde la azotea de un bloque de Santa Clara cuando los monos los tenían cercados y que al final todo el barrio los aupó como héroes, o como otro mono le preguntó mientras lo detenía, tras una impresionante persecución en coche, dónde había aprendido a conducir, e incluso le había propuesto formar una equipo para correr en rallies. Y yo no sé si ustedes han escuchado algo así de boca de su protagonista, pero a mi me recorría una extraña sensación de angustia e impotencia, de ligera culpabilidad y de fascinación, el de estar ante una realidad para la que siempre trataron de anestesiarnos y nada te había preparado.
Pero no esperen encontrarse aquí ni historias truculentas ni batallas difíciles de creer, porque El Ángel tenía algo mas para expresarse con contundencia, tenía talento y sin haberlo conocido ni visto en mi vida, me parece que también una sensibilidad muy especial.
Ya sabemos todos que son muchos los músicos que han convivido con la aguja, pero, al menos en este país, creo que nadie ha sabido, o no ha querido, plasmar ese mundo lleno de contradicciones con la visceralidad y el arrojo que se hace aquí. Y creo que ya nadie lo hará, ningún yonki de la cocaína puede alcanzar la humanidad, fragilidad y orgullo de aquel que eligió, aun a su pesar, a la heroína como su compañera de vida.
Eso es lo que hay en este disco, mucha ternura, amor, derrotas, traiciones, intensidad, sufrimiento, verdad, arrepentimiento, subidones, todo en crudo, contado con talento y cantado con la maravillosa voz de El Ángel, ¿ya les dije todo lo que me gusta su voz?. Rock clásico, pero de cuando el rock era sinónimo real de peligro.
Un disco, que a falta de una generación que lo reivindicase como suyo cuando se editó, ya sabemos que la heroína no suele perdonar, queda como testimonio, o último grito, de toda esa gente que vivió, amó y sufrió al límite. y entre los que se pueden contar pocos supervivientes.
Un disco..., no, un disco no, mucho más que un disco.
Los compañeros de El Ángel en esta grabación, Los Volcánicos, fueron Ana Curra, Juanjo Pizarro, Miguelito Suárez, Tony Jurado, Cesar Scappa y Dogo Rojo. Además también colaboraron en algún tema Lorenzo Cortés, Ricardo Pachón, Quique Morón, José María Sagrista, Rafa Gálvez y Alfonso Espadero. Las tremendas fotografías del disco son de Alberto García-Alix.
Hoy toca Artista Invitado, nuestra querida sección en la que damos la tabarra a un músico hasta que nos dice que sí, luego le proponemos una serie de discos a los que pensamos que no se podrá resistir, y como nunca acertamos, luego él nos propone otros, hasta llegar a un acuerdo. Después, cada uno se pone a escribir por su cuenta sobre el mismo, y llegado el día, publicamos los dos textos juntitos para que queden plasmadas las sensaciones de los dos, que igual se complementan que se contradicen.
Bueno, pues hoy ha accedido a nuestra petición Miguel Castro, musico, entre otras cosas, que milita actualmente en Hacía Las Rocas Imantadas, colectivo de artistas abierto, del que ahora también forman parte David Bailón y María Muñoz, cuyas actividades transcienden el concepto clásico de banda de música. Hasta ahora han editado dos Ep's, disponibles en su bandcamp, Noray EP y aNИa EP, de los que parece que pronto habrá una edición física. Este último surge inspirado por la novela Después De La Tormenta del propio David.
Anteriormente anduvo haciendo cosas bajo el nombre de Chinese Vintage Guitar junto a su amigo Carlos A. C. Parece que grabaron unos cuantos Ep's, y actualmente algunas de sus canciones se pueden escuchar via bandcamp agrupadas bajo el título de Summer Songs. Están datadas en 2010. Si retrocedemos algo mas en el tiempo aparece Leni Vor, proyecto que compartió con Sarah Vacher y del que recientemente también se pueden escuchar algunos temas en su bandcamp, esta vez con el título de La Cara Oculta De Leni Vor. Fue en 2005 cuando con este proyecto editaron el EP La Vida Futura, compartido con The Electric Butterflies y licenciado por el sello peruano Super Space Records, que se puede escuchar en el correspondiente bandcamp del sello.
Proyectos anteriores aún en el tiempo, de los que no hay rastro en la red y que seguramente sirvieron de escuela, fueron The Antitertulians, genial nombre, y Burton.
Pues bien, a Miguel le propusimos hacer esta sección con Alas Sobre El Mundo de El Aviador Dro o con Defectos Especiales de Minuit Polonia, y aunque no fueron rechazadas de pleno, nos puso sobre la mesa Los Bichos... In Bitter Pink y este Moor Room de Cancer Moon, que finalmente ha sido el elegido. Vamos a por él.
Miguel dice:
Mi primer contacto, con este disco (a mucha distancia) fue a principios de 1995. “Moor Room” conseguía ser mejor álbum nacional del año 1994 en ROCKDELUX junto con “Un soplo en el corazón” de Family. Debo reconocer, no sin avergonzarme, que a esas edades estaba más interesado en otro tipo de música y puede ser que la carrera universitaria y el Brit Pop ocupara mucho más tiempo en mi vida, por lo que no le presté la suficiente atención a Cancer Moon.
No obstante, desde ese primer encuentro tengo que decir que había algo en esa portada que me fascinaba. Me producía una sensación extraña y desconcertante. Como de esas veces en las que no puedes apartar la mirada de algo. Sin ni siquiera escuchar su música, me imaginaba un amplificador que hubiese estallado al no poder aguantar el sonido único e irrepetible de esta banda.
Años después, “Moor Room” ocupó el puesto 11 entre los mejores discos españoles de la década de los 90 en un especial que esta misma revista publicaba. Fue por tanto una segunda oportunidad para re-descubrir a Cancer Moon y su música.
Por aquellos año era bastante menos fácil que hoy en día acceder a música de este tipo, más minoritaria, lo que seguramente le daba un valor añadido y un cariño especial a cada escucha, y gracias a un amigo, que pudo conseguir el disco, pude por fin escucharlo finalmente en su totalidad.
La primera escucha me dejó un poco atónito. Por una parte a primera vista parecía una música simple, rock en estado puro, aunque temas como “Stone of Head” me decían a gritos que era uno de esos discos que necesitan varias re-lecturas para poder acceder a sus secretos mejor guardados. Era además un estilo de música poco acostumbrado a darse por estos territorios, cantada en inglés, quizá algo cercano a la música americana en algunos casos como en Risin’ con ese punteo de guitarra, ese sampler con conversaciones que se repetían durante la canción, y que por aquel entonces resultaba habitual por ejemplo en los discos de Migala. Seguía siendo fascinación y extrañeza casi en la misma medida.
La escucha cada vez mayor de grupos como The Velvet Underground, The Stooges, Spacemen 3 o Sonic Youth realizaron sus correspondientes labores pedagógicas con el disco de Cancer Moon. La actitud de Josetxo Anitua ante el micro en alguno de los vídeos que hay circulando por Internet me recordaban también a Ian Curtis de Joy Division. Todo ello me fue dando pistas sobre quienes eran Cancer Moon y de la magnitud y el valor que tenía toda su obra y en especial su último disco. Aunque debo decir que no ha sido hasta hoy en día, al brindarme Alfredo esta oportunidad de hablar sobre este disco, desgraciadamente olvidado durante estos últimos años, cuando al volver a escucharlo caí rendido a sus pies.
Los primeros acordes de I’m head down mezclado con la voz de Anitua son ya un clásico de la música española así como los desgarradores guitarrazos en Daniel Boone, los ecos de Spacemen 3 o The Stooges que resuenan en temas como Girls hangin’ round o Sweet, sweet cake, el clasicismo pop-rock de Caster, el fantasma de Lou Reed cabalgando a lomos de los riff de Lie y por su puesto la enorme Stone of Head, mi favorita, que vuelve a reaparecer al final del disco en Blue Sky, y que desde luego abría la puerta a un nuevo sonido para el grupo.
Alfredo dice:
A finales de 1994 el veredicto del Rockdelux fue trono compartido entre Un Soplo En El Corazón de Family y Moor Room de Cancer Moon. Bien, ninguna pega, aunque a lo que ha ocurrido después si le pongo unas cuantas. En los años sucesivos el disco de Family se ha reeditado en CD y en vinilo, también se editó en 2003 un homenaje en el que cada grupo versionaba una de las canciones del disco y hace poco otro parecido pero solo con artistas de Elefant Records, y encima no ha parado de aparecer en el millón de listas que se han hecho desde entonces, de los mejores discos de la década, del siglo, del milenio, de los últimos 30 años, de los discos editados en años impares y de lo que sea. En cambio Moor Room ahí se quedó, sumiéndose poco a poco en el olvido colectivo. Grave injusticia. Seguramente que Radiation Records echase el cierre poco después de editarlo no ha ayudado, ni que Jose Anitua volviese a la actividad musical más de 10 años después de finiquitado el grupo con una propuesta tan extrema, y a la que menos gente aun prestó atención, como Josetxo Grieta.
Cancer Moon debutó en 1990, cuando los entendidos ya habían dado por muertos a todos los hijos de la Movida pero todavía nadie se atrevía a hablar de una nueva explosión independiente. Ese mismo año también participaron en The Worst Around, disco compartido con Los Bichos, La Secta y La Perrera, y que debería ser tan mítico como el que en su día compartieron Kortatu, Cicatriz, Jotakie y Kontuz Hi!
Luego, a la vez que despachaban su segundo disco, convivieron con lo del noise-pop pero en trayectorias paralelas, el público de Los Planetas nunca se cruzó con ellos, Cancer Moon eran mas viejos... y mas bestias, y más profesionales y creo que no les gustaba reírle la gracia a nadie. En 1992 ya llevaban dos grandes discos a sus espaldas pero nadie presagiaba lo que estaba por venir. A lo largo del 93 fueron dando pistas, primero incluyeron el tema Lurker en el recopilatorio Navidades Furiosas, pura sensibilidad en familia, desnuda de la electricidad a que nos tenían acostumbrados, para la ocasión la madre de Yon tocó el acordeón con ellos. Luego grabaron y distribuyeron por su cuenta las TV Tapes, maqueta-lluvia-de-ideas que nos mostraba a un grupo con la inspiración en vena y sin limites en su andadura por los caminos de la electricidad, las guitarras arrastradas, la repetición y el lado más obsesivo de la psicodelia. Y por último, cedieron un par de canciones, I'm Head Down y Wolf Of Cool, a Goo Records que fueron editadas en un single que sirvió de anticipo de este disco. Tres movimientos que sólo podían desembocar en un disco sublime como este.
Con todo lo aprendido en el camino y sin necesidad de rendir cuentas a nada ni a nadie, en esta ocasión deciden dejar brillar las canciones, sin esconderlas todas debajo de las capas de electricidad a las que nos tenían acostumbrado, que sí están bien presentes en Stupid Pumpgirl e In A Hurry, las más feroces del disco. Además la sinuosa voz de Josetxo canta mas suelta que nunca sin perder nada de su expresividad.
En I'm Head Down, Caster y Lie las guitarras eléctricas comparten protagonismo con las acústicas, quedando mas a la vista sus entrañas de perfectas composiciones de melodías dañinas. Y entre excelentes canciones de rock crudo como Girls Hangin' Round y Wolf Of Cool, en el disco también hay hueco para mas cositas, un par de propuestas extraídas de las mencionadas TV Tapes, hipnótica Risin' y sedante Blue Sky, y, pasado el ecuador del disco, para Stone Of Head, otro mundo que uno no sabe muy bien donde ubicar, quizás cerca de la mencionada Lurker, que desconcierta con tan desolada belleza.
Volviendo al principio, quizás Un Soplo En El Corazón escuchado ya de mayor te pueda conseguir emocionar apelando a los recuerdos de cuando eras joven y tenías dudas y el amor te atormentaba, pero Moor Room, a mi, me sigue estremeciendo y escalofriando aquí y ahora, como el primer día.
En esta ocasión Cancer Moon fueron Jose Anitua y Yon Zamarripa, que contaron con la ayuda de Javi Letamendia, Charlie Solano, E. Basterra "Baxter", Bernardo Vázquez, Niko, Carlos Zubiaga y Arturo García para construir esta maravilla.