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viernes, 4 de marzo de 2016

Fitzcarraldo - Granero Responde Ovejas (Por Caridad Producciones 1994)

Koldo fotografiando a Luisito Lechuga
Volvemos hoy con nuestra querida sección Artista Invitado, y en esta ocasión tenemos con nosotros a Luis Ángel Abad, más conocido como Koldo en los ambientes musicales de la ciudad del Turia, donde empezó a asaltar los escenarios a mediados de los noventa con Felpudo Tos. En 1998 llegó la edición del primer disco del grupo, Tos Felpudo, editado por Subterráneo Records, y del que recientemente se ha fraguado un remake a cargo de un buen montón de bandas de todo el estado como Elle Belga, Viva Bazooka o Césped De Verdad. Tanto el disco original como este Tos Felpudo Remade 1998-2015 se editarán juntos, creo que más pronto que tarde, en un doble vinilo de la mano de Borx Records.
Felpudo Tos cesaron su actividad en el año 2000, dejando inacabado el que iba a ser su segundo disco, Un Ejército De Codos Contra La Punta De Un Buque, y Koldo casi desapareció del universo musical, investiguen Sotánica si les apetece, ocupado en otros menesteres. Tardó en reaparecer, pero lo hizo con ganas. Junto con Alberto, que ha militado en La Secta, Yogur, Athom Rumba y Billy Bao, formó Pupa para participar en la edición de 2014 del Festival de Arte Experimental MEM. Como testigo de esta unión quedó el EP Desengranajes, que se puede escuchar en el bandcamp de Luisito Lechuga, su proyecto en solitario que arrancó en 2014 con la edición de Lettuce B. Esta grabación es la primera referencia de Born Fossil Tapes, sello que él mismo lleva adelante y que plantea como una obra conceptual que reflexiona irónicamente sobre la vigencia de los formatos.
Si vamos mas allá de su faceta musical, el mundo de Koldo es prácticamente inabarcable. Creativamente se define como un organismo biocultural extremófilo situado en algún lugar al límite de la palabra, que gusta de situarse en un terreno de operaciones MultiNdisciplinar. Así, en su obra podemos encontrar ensayo, novela experimental, dibujo, pintura, mixed media y creación audiovisual. Aparte, ha ejercido la docencia universitaria durante una década y colaborado con distintos medios como Levante, Ruta 66, Mondosonoro... además de ser autor de Rock contra cultura (Biblioteca Nueva 2002) y Mito e industria cultural (Alfons el Magnánim 2003), libros que salieron de su tesis doctoral sobre cultura del rock.
Aquí y aquí pueden ustedes encontrar más información sobre nuestro hombre.
Al contrario que en otras ocasiones, después de la participación de Alberto Serrano en esta sección hablando de Tos Felpudo, fue Koldo quien se puso en contacto con nosotros para charlar, y al comentarle que también se había puesto sobre la mesa Granero Responde Ovejas de Fitzcarraldo, nos indicó que él hablaría de ese disco con mucho gusto. Más contentos nos pusimos nosotros al poder contar con su colaboración. Hoy ven la luz su texto y el mio, hecho cada uno sin saber lo que cuenta el otro, para que los lea todo el que quiera.


Koldo dice:
Con el disco de Fitzcarraldo se me juntan muchas cosas. Mi experiencia como oyente, mi asentamiento en Valencia, el videoclip que les montamos, el germen de mi banda Felpudo Tos. Y por supuesto mi relación con ambos, especialmente personal con Pili.
Como oyente Fitzcarraldo me enfrentaron a una experiencia desafiante. Eran evidentemente ambiciosos, y para mí suponían un ejemplo de lo que debían ser las propuestas surgidas en la música independiente. Luego se primó a bandas como Australian Blonde y Dover. El potencial del indie español se malogró desde mi punto de vista, pero eso ya es otra historia. Por el contrario lejos del rock facilón, “Granero responde ovejas” era una auténtica odisea sonora. En la galleta de CD, los títulos de los temas haciendo espiral anunciaban el vértigo de adentrarse en su escucha. Sin cortes prácticamente entre los temas, la música se iba desplegando en sugestivas imágenes desde el comienzo del disco. Alguien daba cuerda a un reloj, se oía una puerta, sonaban unas melódicas, un silbido despreocupado a lo lejos... Así comenzaba el paseo por los entresijos mentales de Truna y Arreis.
Granero responde ovejas acumulaba así escenas imposibles, según un planteamiento muy cinematográfico. Algo que Truna ha desarrollado posteriormente en su carrera, aquí estaba en germen. Entonces todavía no tenía a sus monstruos, pero Fitzcarraldo facturaban su propia escenografía sonora. El oyente se veía inmerso en una escena de suspense donde alguien llama de repente a la puerta. Participaba en un vals desplomado en el Titanic. Presenciaba trenes de juguete acelerando hasta descarrilar. Había momentos de Western, y dibujos animados, y lounge muy a lo Blake Edwards.
Toda aquella parafernalia no era pretexto contra su falta de pericia musical. Al revés, como dúo de rock eran bien competentes cuando se embalaban por el derrotero más directo. Esto es algo que pude constatar siempre que los vi en vivo. Me chocaba mucho el papel de la percusión, entre minimal y sin miedo a los cambios de ritmo. Y me molaba mucho el fuzz de las guitarras. Como en “El sol viene hacia mí”, con Pili dando timbales y esa guitarra tan funky hasta hacerse ácida. Enmarañada por sonoridades midi que hoy suenan tan vintage y naive.
El paisaje sonoro de Fitzcarraldo daba para todo. Una guitarra desvencijada abriendo “Ovejas”. Momentos progresivos en “El gran Askona pregunta a Granero”. Arpegiados, ritmos sincopados, una bossa nova podrida al hilo de una guitarra distorsionada hasta desembocar en una especie de momento de percusión tibetana, con la distorsión haciendo de viento en el Himalaya durante “Titara Taso”. Todo un ejercicio de improvisación, abierto por una distorsión que se despereza al tema siguiente. Roto como por un robot hasta que entran las melódicas y se produce una especie de jota con midi laser.
Mi parte favorita del disco enlaza el tema 8 con “Ojos”. Empieza con unos coros muy ambiciosos, con Pili entonando y cantando muy bien. Ella tiene una voz muy dulce, que siempre hace un contrapunto muy especial. Entona bien de oído. No necesita forzar. Tiene la música dentro de natural. Al reescuchar Granero responde ovejas, siento que en Felpudo Tos la desaprovechamos por asegurarnos un ejercicio de feísmo. Su forma de tocar la batería también es muy personal. Su batería favorito era Stewart Copeland de The Police, jojo me matará por contar esto. Gente como Marcos Junquera de Betunizer, me ha reseñado su groove y la libertad de espíritu que se nota en su forma de dar tambores.
“Infant tango para el tercer baile” tiene un momento funky genial, que se extiende en una progresión natural hasta un momento “palmas”. Otra vez demostrando que como dúo de rock eran muy buenos, muchos años antes de que el formato se pusiera de moda con White Stripes. Luego suspenden la interpretación en un momento DadaDaísta… y toque de atención con la varita de director de concierto para pasar al tema 9 a través de una serie de desarrollos progresivos brutales. Hasta que en torno a los dos minutos y medio generan un momento de pesadilla con violines descacharrados. Y todo esto no es más que el prolegómeno del track estelar, “Ojos”… En fin, extenderme en describir todos los momentos reseñables del disco sería interminable. Sigue todo en esta tónica hasta terminar con la canción cuyo título da nombre al disco, con un juego de distorsiones rodeando la voz de Pili en otro momento sencillamente apoteósico.
Koldo, infiltrado en el Granero.
Como suele ocurrir, el mundo sonoro de Fitzcarraldo era sólo un pálido reflejo de su mundo personal. Antes de escuchar Granero responde ovejas, conocí a Truna con idea de pedirle que musicara los poemas que publiqué en “Filetes de ternura”. Un amigo me habló del grupo a cuenta de un concierto muy raro que vio en el Politécnico, donde la bajista se había pasado toda la actuación de espaldas. No sé cómo di con él y quedé en su casa de Tapinería. Aquello era poco menos que el Merzbau de Schwitters. Una mezcla de vivienda-taller-lugar de ensayo, lleno de cachivaches, instrumentos, maniquíes recogidos de la basura… Era un sitio mágico que denotaba por cada detalle, que allí se vivía por y para el arte. Al lado vivía gente del El Otro Ilustre Colegio Oficial de Patafísica. Aquel entorno determinó mi posicionamiento creativo, ofreciéndome la referencia radicalmente vanguardista que la Facultad de Bellas Artes con todo su bagaje no me aportaba.
El vínculo con ellos se fue estrechando. En algún momento estuve a punto de irme a vivir allí y finalmente no fraguó. Creo que quizás fue mejor, se habría sumado excesivo caos. En aquel tiempo estaba interesado por la videocreación, y les propuse hacer un videoclip a cuenta de unas ayudas del Gobierno de Navarra. El verano de 1995 lo dedicamos a grabar en Tapinería. Andrés quiso que filmáramos en Super 8 e inmediatamente tuvo la idea de jugar con imágenes de peces que inflaban globos de colores. Yo planteé una especie de desafío absurdo entre un hombre y su mascota, donde pez y humano se retaban a ver quién aguantaba más tiempo fuera de su medio. La última imagen sería una cabeza humana sumergida en el agua, mientras un pez nadaba tranquilamente alrededor de ella. Andrés quería crear una intrincada maquinaria de poleas, algo absurdamente complicado para subir y bajar peces. Todo era en realidad un pretexto para divertirnos y mostrar el imaginario de Fitzcarraldo, que de natural ya era de sobra sugerente.
Un día de Julio nos vinimos del Mercado Central con un montón de morralla. No entraré en detalles de la parafernalia que montamos para que Andrés pudiera inflar los globos por un tubo a través de ellos. Digamos que no eran tiempos de efectos digitales. Antes de ese verano maravilloso Iván y yo habíamos comenzado a sacar canciones con guitarra y bajo, que sólo pasaban el corte si nos resultaban suficientemente ridículas. Nuestros amigos de Malasombra tenían nuevo número de su revista, y dijeron que nos incluían en el concierto de presentación si nos apetecía tocar allí. Le dijimos a Pili si quería participar en ese bolo con nosotros. Andrés la animó y ella dijo que adelante. Ensayamos una semana y dimos nuestro primer concierto como Felpudo Tos. Al volver del verano Fitzcarraldo se había roto por historias personales y Pili se quedó ya con nosotros. Andrés por su parte, andaba ensayando improvisaciones basadas en marasmos de ruido que grababa sistemáticamente en mini disc. Me contó que el habitáculo donde se encerraba para ello, incluía una botella para orinar de forma que nada interrumpiera su afán creativo. Eran mediados de los noventa, y el mundo estaba trunizándose.


Alfredo dice: Aterricé en Valencia en septiembre de 1992, y fue en octubre o noviembre la primera vez que me acerqué hasta Glop. Tocaban Los Clavos y El Inquilino Comunista y la plaza de Benimaclet me cogía cerca. Motivos más que suficientes. Yo estaba acostumbrado a ir a conciertos al aire libre, no se prodigaban mucho por aquel entonces ni bares ni salas que programasen conciertos en Tenerife y lo que abundaban eran fiestas de barrio y eventos mayores en la Plaza de Toros. Entrar en Glop me dejó algo descolocado, con aquel diminuto escenario de un palmo de altura. Las paredes estaban llenas de carteles, algunos nombres familiares, Amor Sucio, La Resistencia, creo recordar, y el más bonito de todos, el que se quedó impreso en mis recuerdos, el de un grupo desconocido para mí, llamado Fitzcarraldo. Me quedé con el nombre.
Para no aburrirles mucho voy a resumir telegráficamente los acontecimientos clave que ocurrieron durante el siguiente año y medio, y que hicieron que mi curiosidad por ellos creciera hasta obsesionarme ligeramente. Creo que este fue el orden en el que ocurrieron, parece lo lógico, pero no me atrevo a poner la mano en el fuego. Escucho por primera vez el maxi El Telar De La Locura de Carmina Burana y lo coloco muy arriba en mi clasificación personal de discos imprescindibles. Alguien me dice que en Fitzcarraldo toca el que fue bajista de Carmina Burana. Escucho el primer disco de Carmina Burana y lo coloco muy arriba en mi clasificación personal de discos imprescindibles. Alguien me dice que aquella chica que está allí, viendo a 713avo Amor en Bésame Mucho, como yo, tocaba en Fitzcarraldo. Voy y le pregunto si tienen algo grabado. Sí, tocamos dentro de poco en (no me acuerdo del nombre), que está en la zona de Cánovas, ven y te llevo una maqueta. Voy mal acompañado. Toma. Pone mi nombre, es preciosa, soy muy feliz. Mi acompañante me tortura psicológicamente durante todo el concierto, vámonos, vámonos, vámonos. No, no, no, y como venganza, cuando llegamos a casa pongo la cinta. Alucinante. Eran Fallas del 94. Me fui de Valencia. Se editó Granero Responde Ovejas. Corrí a comprarlo.
La sorpresa la atenuaron las mil escuchas que le había dado a la maqueta, pero no así la reconfortante satisfacción de escuchar de corrido este disco, olvidándome de la división en canciones, que comparte espíritu con otros discos tan únicos y especiales como el Todo Ubú de Los Iniciados o aquel mini-cd de Juan Crek y Pep Figueras que se llama Dos Hombres Chinos. Nada más he podido emparentar con Granero Responde Ovejas, y estas grabaciones, insisto, tan solo en espíritu.
Fitzcarraldo en este disco crea un folclore musical imposible de situar en ningún espacio y en ningún tiempo. Por su música desfilan danzas, costumbres, cuentos, leyendas y supersticiones tan fascinantes como incomprensibles a primera vista, pero que en las dosis apropiadas acabaron ejerciendo de salvadora vacuna para nosotros, mortales inoculados desde el nacimiento por el virus del lugar común musical. Su lenguaje nunca fue el nuestro, y así su realidad, su existencia, descotidianizó la nuestra, la de los que tuvimos la suerte de tropezarlos, y ahora, que ya no están, no nos queda mas remedio que agradecerles que una y otra vez, cada vez que suena este disco, nos pongan entre el extrañamiento y la pared, haciéndonos sentir que en cualquier momento, con un sonido inesperado, pueden talar nuestra cabeza y entregársela en sacrificio al Gran Askona, y además siempre contando con nuestro más absoluto beneplácito.
Gracias Dra. Arrais, gracias Dr. Truna.

Koldo quiere que escuches, y veas, Ojos



Alfredo quiere que escuches Ovejas

martes, 22 de diciembre de 2015

Felpudo Tos - Tos Felpudo (Subterráneo Records 1998)

Alberto Serrano se desparrama.
Volvemos hoy con nuestra sección favorita de este, nuestro pequeño blog que solo habla de discos que molan. Sí, toca otra vez Artista Invitado y en esta ocasión tenemos con nosotros a Alberto Serrano, mitad del dúo Césped De Verdad, formación que completa Blanca Pomet a la batería y voces. Alberto se encarga de la guitarra, el kaossilator, los loops y también las voces. Para Blanca esta es su primera aventura musical, Alberto si había empuñado la guitarra en alguna banda formada por amigos. Como Césped De Verdad empezaron en 2012 o 2013, año en que grabaron y publicaron su primera demo. Hace unos meses llegó el turno de su primer LP, titulado como el nombre del grupo y editado por Repetidor Disc en bonito vinilo.
Después de proponerle participar en esta sección, me puse a pensar en cuál sería la proposición que le haríamos desde este blog. Y andaba yo perfilando la lista, en la que ya estaban Granero Responde Ovejas de Fitzcarraldo e Interground de R.C.Druids, dos discos de su tierra que me parece a mi que todo el mundo debería conocer, cuando él se me adelantó. Me apetece hacerlo de Felpudo Tos y su primer disco, me dijo. Y nosotros, que no solemos llevar la contraria a nuestros invitados, aceptamos encantados. Así que aquí estamos, Alberto y yo, escribiendo cada uno por su cuenta de este artefacto titulado Tos Felpudo, y juntando ahora nuestros dos textos para todo aquel que los quiera leer.

Alberto dice:
Siempre he pensado que el nombre de Felpudo Tos es la hostia de impactante, muy eufónico. La conjunción de los sonidos entre consonantes y vocales es perfecta, una palabra de tres sílabas, la pausa y luego esa sílaba sonora que es Tos me parece una auténtica genialidad. A nivel semántico, de significado, genera una especial tensión entre el artefacto material que es un felpudo y la efímera e incorpórea tos. ¿Qué coño tiene que ver una cosa con la otra? Es una combinación de heterogéneos increíble. Joder, igual es que hay una marca de felpudos finlandesa ‘Tos’. Ni idea, pero una de las cosas que siempre me ha parecido un enigma cuyo intento de desciframiento me ha reportado deliciosos paladeos mentales ha sido este nombre; desde el primer momento. ¿Se pusieron Trusca, Koldo e Iván a decir palabras hasta encontrar una disparatada armonía en el local? No sé si quiero saberlo, me mola seguir teniendo la posibilidad de fabular explicaciones. Esto es lo que me enseñó este grupo, a pensar lo inexplicable.
Los escuché por primera vez en la radio una tarde mientras merendaba. Creo que mi madre estaba planchando. Esa situación de tarde aburrida, de merienda y olor a ropa planchada y ‘Gané’ sonando me parece de lo más cósmico que he vivido. Felpudo Tos en mi merienda silenciosa. Cerillas quemadas para ganar la apuesta de perder una tarde mientras tragaba galletas.
La música se quedó atrapada en mi cerebro y la sensación que me despierta no ha variado desde entonces. Cierta inquietud propia de encontrarse perdido en un frenopático al que has ido de visita. Esta inquietud es cercana a cierto miedo, a cierta oscuridad. Por supuesto, son las voces las que generan esta inquietud. Pero la grabación es cruda, directa, con una reverberación especial en las guitarras y en las voces que a mí me suscitaba algo más cercano a algo enfermo y oscuro que a algo diletante e infantil o incluso estúpido como dijo un tal Mario Girotti al definir a Felpudo Tos como a la banda de rock español más estúpida de la historia. Mario Girotti es el nombre real de Terence Hill, lo he buscado en la wikipedia y todo. Mola pensar que Terence Hill ha realizado sólo una crítica musical en su vida, a Felpudo Tos. Ni idea, aunque creo que es todo una coña inventado por los propios componentes de Felpudo Tos. Esta es una de las sensaciones que me produjo, y hablo de mi experiencia porque quizá alguien no entienda que diga cosas como: ‘la primera escucha del debut de Felpudo Tos suscita frías sensaciones de oscuridad de manicomio’. Cuanto más personal es el sonido de una banda más particular es la recepción, supongo. Además, esa es una sensación que me generó, pero mezclada con otras, como el humor absurdo, cuando por ejemplo oí que gritaban ¡Siénte el queso!, como un imperativo autoritario, o la sensación de que eran personas reflexivas que hablan de retar al aburrimiento quemando cerillas o de árboles que se ríen de ti: cárgate a la naturaleza, pero acabarás en una caja de pino…, o que acaban el disco con la lucha de un anciano contra su falta de memoria, quizá por alzhéimer, a la hora de contar una historia. Ahí veía el mensaje de que todo intento de ordenar un discurso es un fracaso, que el lenguaje no puede apresar la realidad, y toda esa historia filosófica. En aquella época iba a empezar a estudiar justo esa carrera, o había empezado ya.
Al margen de todo esto, lo que te encuentras con Felpudo Tos es con la misiva de que la música, y en definitiva toda creación humana, es libre, sin normas fijas, por eso es muy importante que los niños muy pequeños escuchen rápidamente a Felpudo Tos. Deberían ponerlo en los colegios, en el recreo.
En aquella época en Valencia conocía otras propuestas musicales vanguardistas como El Otro Ilustre Colegio Oficial de Patafísica en Valencia, Truna, que quizá estuviese aún embarcado en Fitzcarraldo. Recuerdo que a veces pasabas por el Carmen y se escuchaban extraños sonidos que provenían de los cacharros con los que tocaba en su casa. Estaba Chococrispis, que hacían vanguardia dentro del hardcore, Ulan Bator Trío, con su garaje-punk tocado con trastos reciclados. De todos modos, la música de Felpudo Tos seguía sonando extrema, contenía bastantes puntos de locura más allá de todo lo audible en ese momento.
A Felpudo Tos tuve la suerte loca de verlos en un concierto demencial donde hubo gritos, rapadas de pelo, disfraces de hongo o algo así, destrucción de baterías. Todo eso era magia. No sé muy bien si Felpudo Tos, en el entorno musical de la época en Valencia, fue una cosa excéntrica, ninguneada, infravalorada o no. Había un ambiente bastante loco con el que te podías encontrar, un ambiente de cierta experimentación, cosas loquísimas e increíbles que ya estaban antes que toda tendencia y que toda posterior explosión de lo que fuese, sin embargo Felpudo Tos sigue siendo la nota más disonante y al mismo tiempo, quizá, la menos explorada. Sorprende y no que haya sido una pieza un tanto olvidada. Está claro por una parte que no es una música de expectativas muy masivas, pero al mismo tiempo está como muy escondida e incluso personas con tendencia a la experimentación, la indagación de lo extravagante, no se han topado fácilmente con este disco. A pesar del tiempo que ha pasado desde la edición del disco, sigue siendo muy personal, muy atrevido, muy extravagante, muy sincero y sigue suscitando las mismas sensaciones de asombro, oscuridad frenopática y belleza pura y experimental que cuando se escucha por primera vez, y creo que quién lo escuche por primera vez hoy volverá a sentir lo mismo. Palabras como puro o sinceridad son cada vez más extrañas en la música y en todo ámbito en general. Al haber usado estas palabras, me viene a la cabeza la frase de Pilar, cuando en una entrevista dijo que lo raro no es Felpudo Tos, lo raro es que todas las bandas suenen igual. Si cada uno es diferente, tienes unas inquietudes, un modo de procesar e interpretar la realidad desde su singularidad privada, lo raro es que todo suene a lo mismo. Paradójicamente –y por sincera que es su música- Felpudo Tos es lo más normal del mundo. Ser natural –complicada referencia a lo natural-, sacar el berrido que se le impone a tu garganta y no al revés es a lo que te invita en definitiva escuchar este disco, como natural se sentía Trusca al tocar descosiendo junto a Iván lo que Koldo intentaba coser. Tomo la metáfora de la propia Trusca-Pili Tos: http://www.euskalnet.net/agiriano/mamorro/felpudo.htm
La banda continuó surcando esta no-wave total en ‘Un ejército de codos contra la punta de un buque’ (2000). Koldo, por otra parte, no ha parado nunca de editar poemas, textos, música, dibujos… después de Felpudo Tos continuó con Sotánica, con Lüisito Lechuga y actualmente sigue mostrando su locura natural en forma de música con el dúo de guitarra y batería Püpa, que ha sacado un EP hace muy poco.
Felpudo Tos exploraba la naturalidad y la pureza y le salía lo más extravagante. El loco es el normal. Ellos estaban como una isla de genialidad solos y antes que ninguno de los que copian a los que copian. Seguramente por ello Felpudo son catalogados con cierta coña como pre-valencianos por parte de Negro. Coincidí en la facultad con Fernando, que en esa época tocaba en Balano y se estaba montando Salchicha, si no que me equivoco. Poco a poco fuimos conociéndonos y en la época en la que preparábamos oposiciones me enteré de que distribuía copias del CD de Felpudo. Le pillé una corriendo porque yo tenía únicamente un cassette con grabaciones de la radio y bien por pasta o porque cuando iba a las tiendas no había esos cd’s aún no lo tenía. Las sensaciones al volver a escucharlo fueron las mismas, el poder de su música seguía intacto para mí.
Una de las cosas más preciosas, cósmicas y alucinantes que me han pasado es que al cabo de unos años, gracias a Carlos (Wilson, Capaje), al que no conocía aún personalmente (y vaya señores de puro y copa él y su hermano) se nos propuso a mí y a Blanca colaborar en la reedición y recopilatorio de versiones que está ya en fábrica del disco ‘Tos Felpudo’ de Felpudo Tos. También se planteó esto a Fer pero por diferentes historias no tenía claro cómo enfocar el tema de hacer una versión, o con quién y le propusimos, joder, claro, que tocase con nosotros. Él conoce a Koldo, distribuye sus cd’s, coño, el negrata tenía que estar en este disco, y nos pusimos con ‘Se desparrama’. La idea de esta reedición es del grandísimo ser humano Borja Boscá (Perro Grande, España, Potero Regateador,…) y lo grabamos en los estudios Stardust con la ayuda de Sergio Devece y Nacho Nácher. Poder grabar una versión con gente que valoro y no sólo musicalmente, como es Fernando, y de un grupo que me folló el cerebro por las orejas como Felpudo Tos es, ciertamente, bello.


Alfredo dice:
En su día no me hizo feliz enterarme de la edición de este disco. Ya no vivía en Valencia, y la misma noticia que llegó hasta Canarias para señalar la aparición del debut de Felpudo Tos certificaba en el párrafo siguiente la defunción de Fitzcarraldo. Era algo que ya sospechaba, habían pasado cuatro años desde que estos últimos sacaran su Granero Responde Ovejas y hacía mucho tiempo que no escuchaba noticias de ellos, pero hasta entonces no descartaba que cualquier día me sorprenderían con otro nuevo disco en Por Caridad Producciones, y la ausencia de noticias podía admitirla como lógica teniendo en cuenta la distancia. Me gustaban mucho Fitzcarraldo, por razones musicales y extra-musicales, y me malhumoró bastante su separación.
Tengo que aclarar que una noticia venía al hilo de la otra porque la Doctora Arreis, alias de Pilar Barrachina en Fitzcarraldo, se había convertido en Trusca para ponerse detrás de la batería de Felpudo Tos.
Fue la revista Factory la que portaba la noticia. Creo que aparecía en el breve informe que se hacía de cada una de las bandas que se incluían en el CD que se regalaba en ese número, y que agrupaba a un buen número de bandas valencianas bajo el título de Explosión Naranaja. De Felpudo Tos se incluía ese alucinado caligrama sónico que es Se Desparrama, y que en aquel momento me pareció demasiado deudor de los que por aquel entonces se me metió en la cabeza considerar como sus predecesores naturales, los ya mencionados Fitzcarraldo. Les cogí cierta antipatía y no hice el menor esfuerzo por hacerme con su disco.
Y así estaban las cosas, y yo seguía con ese trajín en la cabeza, hasta que Alberto los eligió para esto. Me tocaba escucharlo, así que me agencié una copia y en este último mes ha sonado con mucha frecuencia en casa, bastante más de lo que recomendaría la OMS según algún miembro de la familia.
Ahora, lo primero que me toca decir es que mi percepción inicial no era del todo acertada. Es verdad que se puede establecer algún vaso comunicante entre Granero Responde Ovejas y este Tos Felpudo, sobre todo por la libertad con la que construyen sus canciones, las ansias de exploración y el sentido del humor que los recorre. Pero si las ventanas de Fitzcarraldo se asomaban a una fanfarria demencial, las de Felpudo Tos también tenían vistas al rock, al punk y al hardcore, lo que hace de este disco algo único para el año en que fue grabado. Seguramente grupos como Margarita, Za! o Ensaladilla Rusa no lo hayan tenido como referente, quizás ni han llegado a oírlo, al fin y al cabo creo que tuvo una distribución muy limitada, pero lo que si les puedo asegurar es que en Tos Felpudo ya nos encontramos con muchos de los elementos que bastantes años después hicieron que las miradas de sorpresa y admiración se posasen sobre los debuts de las bandas que les acabo de mencionar. Y además, hay mucho más, porque temas como Rictus, Se Desparrama o Salí A Por Fortuna Y Me Traje Bisontes se esparcen locas, balbucean y se contorsionan solo guiadas por la incontinente creatividad de esos extraños seres que cuando cogen los instrumentos responden a los nombres de Cardamomo, Yambó y Trusca.
Mención aparte para esa imposible historia de gallinas, armarios y amantes que cierra el disco y de la que es imposible desconectar.
Eslabón perdido y pieza única, que parece que pronto se recuperará como el Sr. Garcés manda.

Alberto quiere que escuches Se Desparrama



Alfredo quiere que escuches E-332