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miércoles, 26 de marzo de 2014

Shalocins - Returned Tacitly (Put Your Hands Down 2011)

Mira por donde creo que voy a terminar de una vez por todas con eso de empezar todas las reseñas igual. Shalocins nos trae aquí tres piezas grabadas entre 2009 y 2010. Prison Head ocupa los 20 minutos de la cara A, un tiempo que estoy empezando a considerar óptimo para una pieza de ruido, para desarrollarla, para que ejerza su efecto, para que repetición y cambio se conjuguen con la intención de causarte el mal, y para que uno no acabe distrayendo su atención. Así Prison Head burbujea como una cepa de virus maligno a punto de ser inoculado, con la alegría que da saber que al fin vas a cumplir el propósito para el que has sido creado y alimentado. De tan delicioso caldo de cultivo se escapan chirridos, frecuencias graves y algarabia sónica generalizada. La cara B, que se reparten Bepeef Layde y Haper Feelinize, arranca con mucha fuerza, sobre una muralla de cortocircuitos ondulantes no cesa el bombardeo de fugas sonoras y el trabajo de demolición vía frotamiento. Yo me entiendo. Una brutalidad que deviene por momentos en caos. Haper Feelize comienza más sosegada, por momentos casi se pueden oír los ángeles, sobre un continuo sinuoso parece que chirrían, pitan, graznan viejas máquinas oxidadas, cada vez más insistentes, más enfurecidas. Hasta el apagón final. Y ustedes dirán que por qué me empeñó en escuchar sonidos tan nocivos y yo sólo puedo decir que más dañó hace la tele.
Shalocins, como digo cada vez que hablo de este proyecto por aquí, es uno de los muchos alias que usa Rafa Juristo para darnos nuestro merecido.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Shalocins - ∞ Tapes Vol. I (For Noise's Sake 2012)

Mira por donde, Shalocins desafía la regla no escrita para casi todas las ediciones de propuestas ruidistas. Por esta vez no se trata de una tirada limitada a 40, 30 o aún menos copias, como suele ser lo habitual. De esta cinta habrá infinitas, eso si fabricadas bajo demanda, y cada una con un collage diferente en la portada. Con esta acción se sacude todo el posible valor añadido que pueda tener cualquiera de estos artefactos como objeto casi exclusivo. Aquí todo el valor e interés recae sobre lo que hay grabado. Y lo que hay grabado son sesenta minutos de ruido. La cara A empieza con ruido de baja intensidad, ruido terroso, con aristas, que rasca, que por momentos ahoga y deforma voces, y que según avanza lentamente, con algún sobresalto mediante, va ganando en virulencia, agresividad y angustia. El último tramo, con el ruido transformándose en jadeos de desesperación y agotamiento, es memorable. Trance. En la cara B se despliega una tormenta viscosa, profunda, grave, el ruido es ahora más fluido, suena lejano, pero intimidante. Llega a tu canal auditivo y se pega a las paredes, impregnándolo todo, sin ningún tipo de agresión física. Pero viciando el aire, convirtiendo el ambiente en algo malsano. El ruido continúa amenazante, inquietante, y sintiéndose, por momentos, más cerca. La expresión "estar metiéndose en la boca del lobo" cobra todo su sentido. Ruido infinito.
Como no es la primera vez que aparece por aquí, seguro que ya lo he dicho, pero insisto. Shalocins es uno de los muchos proyectos ruidistas que maneja Rafa Juristo.




jueves, 9 de mayo de 2013

Shalocins - Every Other Harsh Reality (Put Your Hands Down 2011)

Mira por donde el ruido del despertador me hace abrir los ojos, después siempre el ruido del baño, el ruido del agua al caer, el ruido de la tapa del water. Los ruidos de la cocina, de fregar loza y preparar los desayunos. En la calle, el ruido de la máquina limpiadora del ayuntamiento. Y después el ruido de los coches, del mío y de todos los otros. El ruido de la sirena, el ruido de los pasillos del instituto, el ruido dentro de las clases y a los 55 minutos, el ruido de la sirena, el ruido de los pasillos del instituto, el ruido dentro de las clases y a los 55 minutos, el ruido de la sirena, el ruido de los pasillos del instituto, el ruido dentro de las clases y a los 55 minutos, el ruido de la sirena, el ruido del recreo y a los 30 minutos, otra vez el ruido dentro de las aulas, y otra vez y otra vez y otra vez y el ruido de la salida y otra vez los coches y en casa el ruido de Tele 5 (horror), el de los niños jugando, el ruido salsero del bar azul cuando salgo a fumar al balcón. El ruido de preparar las meriendas, de los dibujos animados, de las carreras por el pasillo. Y después el ruido de la cafetería, del parque de la arena, de la gente en la avenida. Y tenemos más ruido con la cena, los baños de los niños, con Irene que no puede esperar por el biberón. Y vuelta con el ruido de la tele y de los bares cerrando en la calle. Y ruido de la lavadora y de la tendedera y otra vez ruido de loza y de comer pipas y ruido y ruido y ruido. Menos mal que al acostarme, cuando ya no se oye nada, puedo ponerme esta bonita suite en cuatro partes cortesía de Rafa Juristo tras su alias Shalocins, centrarme en ella y olvidarme de cualquier otra dura y ruidosa realidad.