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martes, 27 de febrero de 2018

713avo Amor - A Veces El Dolor (Experience Records 1993 / Compañía De Sueños Ilimitada 2003)

Las primeras noticias que me llegaron del primer disco largo de 713avo Amor decían que se iba a llamar ABC Del Dolor, lo que me pareció un título excelente. Aún así cuando, recién editado, lo encontré en Discos Harmony me pensé bastante el si comprarlo o no. El título correcto era el más poético A Veces El Dolor, el acento andaluz de Carlos Desastre bien podía haber propiciado el equívoco del periodista que redactó la media página que les dedicaba el Rockdelux hablando del grupo y su, por entonces, futuro primer disco. Este “cambio” de título me dejó algo decepcionado, perdía contundencia el asunto y me asaltaron dudas. No sé cuánto tiempo lo tuve entre las manos, mirando alternativamente portada y contraportada, ambas sin ninguna información, como si estuviese convencido de que en breve iba a desarrollar el superpoder de ser capaz de percibir a través del tacto el murmullo de la música que habitaba esos surcos.
Así que allí estaba, con el disco entre las manos y en la cabeza mi pequeño montón de pros y contras. Al ligero chasco que me había llevado con el asunto del título del disco se unía, como ya comenté por aquí hace tiempo, que las escuchas del single que lo precedió, que sí que compré sin ninguna duda en cuanto salió a la venta, no me habían hecho del todo feliz.
Por el lado de los pros pesaba la pegatina de la contraportada en la que podía leerse “incluye single”, regalo que solo iba en las primeras copias a la venta, junto con que de la edición se había encargado Experience Records, y tengo aquí que abrir un pequeño paréntesis para explicar esto último.
Ya hacía tiempo me había comprado Miel, Nube, Hiel Ep de Silvania, también editado por este sello, y no tardé en darme cuenta de que la dirección postal de Experience Records coincidía con la de Discos Harmony, con lo que me pareció lógico pensar que aquel señor con bigote, de muy pocas palabras, que ocupaba con gesto serio su lugar detrás del mostrador en mi tienda de discos favorita de Valencia seguramente también fuera el capo de Experience Records, y yo quería llevarme bien con él y de alguna manera agradecerle que su tienda existiese, porque, aunque en cada una de mis visitas, apenas intercambiábamos cuatro palabras de cortesía, yo sabía a lo que iba y él sabía que yo sabía a lo que iba, aquel hombre tenía la mejor tienda discos que yo podía imaginar en aquel entonces y me encantaba ir allí cada vez que juntaba algo de pasta, traspasar la puerta, qué feliz era allí dentro, y gastármela toda sin ningún remordimiento, para luego volver lo más rápido posible a mi habitación de residencia de estudiantes para echarme en la cama y ponerme a escuchar música. Comprar sus ediciones era a mi entender la manera correcta de mostrarle toda mi gratitud.
Al final la decisión fue la acertada y me llevé el disco a casa. Echado en mi yacija, con el insert en las manos para ir siguiendo las letras, sonó A Veces El Dolor, la canción que abre el disco, y si las palabras ya me iban dibujando una mueca de satisfacción lo que me acabó de fulminar la cabeza, mas o menos a los cuatro minutos de puesto el disco, fueron las guitarras, maquinas que socavaban una caverna de la que de alguna manera inexplicable emanaban los lamentos de una muchedumbre de almas que penaban, un coro de voces viejas, sabias y cansadas, voces que eran crujidos del viento y gritos de la tierra. Cuando acabó el tema tuve que levantarme, alucinado, a ponerla otra vez. Y la segunda vez ya no tuve inconveniente en dejar avanzar el disco, escuchando como el mundo de 713avo Amor se desplegaba majestuoso, inasible, feroz, hermoso, en constante y brutal expansión. Haciendo añicos límites y convenciones, excediéndolo todo, quizás como solo antes lo habían hecho con el rock de este país Mar Otra Vez y como lo hicieron mas recientemente los Billy Bao de Dialectics Of Shit.
Diez años después de la edición en vinilo llegó su reedición en cd, con el añadido de cuatro temas hasta el momento inéditos grabados en las mismas sesiones de enero de 1993, para fijar la idea original del disco que, según reza el libreto, diez años atrás quedó mutilada por problemas de espacio, tiempo y dinero. Solo por poder escuchar todas las veces que uno quiera En Un Mar De Penas, parece ser que fueron muchas las canciones de 713avo Amor que nacieron al piano aunque esta sea la única que lo conserva en el resultado final, la edición en barato policarbonato de plástico me parece más recomendable que la realizada en, el ahora considerado noble, policloruro de vinilo.
En este disco 713avo Amor fueron Emilio Salvatierra, Antonio López Acien y Carlos V. Desastre con la colaboración de Albert Meagle, que ya no figura como miembro oficial del grupo aunque pone su guitarra en un buen puñado de temas, y de Salva Alemany en los coros de Cielo Bajo Tierra.



miércoles, 24 de febrero de 2016

Vírgenes Adolescentes - Vírgenes Adolescentes (Triquinoise Producciones 1993)

En algún momento de la primera mitad de los noventa, creo que hacia 1992, Javier Almendral y Carlos Desastre cruzaron sus caminos e iniciaron una colaboración que dio lugar a que en 1993 se grabasen dos discos hermanos que para mí, sin duda, están entre los mejores que se han hecho en este país en la mencionada década... y no sé muy bien por qué lo acoto solo a esta época. Uno es este, el otro, el último de 713avo Amor.
Después de haber editado con el nombre de Las Vírgenes el escueto single Aguja Roja, Javier Almendral y Germán Sánchez incorporaron a Paco "Serrucho" Cárdenas a la batería, que provenía de Blackmoon Fire, para sustituir a Alicia Salguero. A la par cambiaron su nombre por el de Vírgenes Adolescentes, y con esta nueva denominación se presentaron en sociedad con un álbum de idéntico título.
El disco se editó solo en doble vinilo, con portada abierta, y encima se decidió que se vendiera a precio de disco sencillo. Todo un detalle por parte del grupo y la discográfica, que más no pudo hacer por acercar el disco a los potenciales oyentes. Aun así creo recordar que para que todo esto fuese viable hubo que sacrificar en parte el arte de la portada, y la calidad de los inserts, que parecen fotocopiados. Personalmente agradezco lo bonito y generoso de la edición, pero creo que fue una decisión que no benefició a la difusión del disco. Ni entonces, que el vinilo vivía sus horas más bajas y muchos platos habían ido a parar al trastero o al contenedor más cercano, ni ahora, que, dado el formato, se vende en el mercado de segunda mano a precios poco razonables. Esto, junto con que tampoco está disponible en plataformas digitales, lo ha hecho poco accesible para las nuevas generaciones. El resultado, y esto es lo peor que le puede pasar a un disco, es que seguramente no habrá mucha gente que lo haya oído con calma de principio a fin. Y les puedo asegurar que pasar noventa minutos acompañado con este disco es una de las experiencias más satisfactorias y arrolladoras que cualquier aficionado a la música, y amante de la electricidad, puede echarse en cara a día de hoy.
Javier Almendral, al que le gustaba usar el sobrenombre de Delirio, se encarga de la práctica totalidad de las letras del disco, contando con la única ayuda de Carlos Desastre en Unos Contra Otros (En La Jungla De Mordiscos) y de Johanna Linder en Vamos A Llamar A Dios Por Teléfono. En ellas opta por arrancarse a dentelladas su propia piel, y deja escapar pedazos de vida en crudo y pensamientos obsesivos en los que tienen cabida la autodestrucción, el amor, la insatisfacción, el placer, la hipocresía, la muerte... convirtiendo los textos en una autopsia emocional tan íntima como desgarradora, sincera y precisa.
A esto hay que añadir la capacidad del trío de conjugar con total acierto, y de infinitas formas, la calma tensa, el remanso y la vorágine eléctrica, y además sumarle la voz de Javier, vehemente y expresiva, para poder dar una explicación razonable de la atmósfera altamente conductora de electrizante conmoción que crea la escucha de estas trece canciones. En otras palabras, escuchar esto es algo así como estar en la placenta del rocanrol, o en la de una de esas bellas mujeres lobo que surgieron de la mente de Clark Carrados.
Además de los tres miembros de Vírgenes Adolescentes, participaron en esta grabación Juan A. Bullón, que echó una mano en los coros, y Carlos Desastre, que tocó la guitarra, hizo coros, puso la segunda voz en Quiéreme Sin Pantalones y la voz de narrador en Insomnio, y del que se puede leer en uno de los inserts que aportó "además buenísimas ideas musicales, conceptuales y ambientales de corazón, que fueron fundamentales para el resultado final de este disco". Bendito encuentro ese del año 92 con el que empezábamos esta reseña.



viernes, 19 de febrero de 2016

713avo Amor - Horrores Varios De La Estupidez Actual (Triquinoise Producciones 1993)

En algún momento de la primera mitad de los noventa, creo que hacia 1992, Carlos Desastre y Javier Almendral cruzaron sus caminos e iniciaron una colaboración que dio lugar a que en 1993 se grabasen dos discos gemelos que para mí, sin duda, están entre los mejores que se han hecho en este país en la mencionada década... y no sé muy bien por qué lo acoto solo a esta época. Uno es este, el otro, el debut de Vírgenes Adolescentes.
Después de haber editado A Veces El Dolor en el sello valenciano Experience Records, 713avo Amor daban su siguiente paso con Horrores Varios De La Estupidez Actual.
En esta ocasión el grupo dejaba atrás sus vertiente más íntima y críptica en los textos y con los ojos inyectados en sangre miraba a su alrededor y nos exponía las mismísimas entrañas de una sociedad que ya olía a podrido. La galería de personajes que pueblan este disco es mítica, los hermanos gemelos Odio y Lodo, el joven Alubias, el propio Carlos Desastre, disfrazado de interferencia, con maquillaje de distorsión y su corbata de acoples, asaltando la cadena televisiva más importante del país, la pequeña Irene, El Gordo y sus secuaces, son todos fragmentos de una realidad mierdosa que nadie parecía querer ver, entretenidos como estábamos con la televisión, y que Carlos describe con su verbo torturado, su potente adjetivación, sus elocuentes metáforas y algún que otro neologismo.
Ahora que se discute si la música independiente de los noventa fue elitista y ajena a la política y a lo que sucedía en su entorno, es el momento de poner este disco y decir que no, o al menos que toda no. Otra cosa es que los prescriptores de tendencias undergrounds de la época, haciendo gala de unas miras muy cortas, tachasen las visiones de 713avo Amor de excesivas y de intentar epatar gratuitamente.
El fresco que ofrece este disco de la sociedad de la que formamos parte es desolador, tanto como la noticia que recorría hoy facebook sobre la muerte de una cría de delfín, recogido de la orilla de una playa, y pasado por los bañistas de mano en mano para hacerse selfies, sin que ninguno se diese cuenta de que el animal se moría. Las cotas de estupidez que demostramos a diario ya estaban aquí diagnosticadas, ya eran señaladas, con la única diferencia que Emilio Salvatierra, Juan Antonio L. Acien y Carlos Desastre no dudaron en ametrallar sin contemplaciones, con estas canciones, a los cómplices y responsables, que desgraciadamente somos la mayoría, a la vez que mostraban cariño por las víctimas, por muy en monstruos que se hubiesen convertido. 713avo Amor escupía su asco, su descontento, en forma de preciosa y descarnada poesía, de largas canciones-relatos entre las que intercalaron lo que ellos mismos denominaban pensamientos fugaces o sensaciones o pequeños horrores, para hacer de este disco algo tan inquietante como ser consciente de que cada mañana, cuando nos vestimos para emprender nuestro día a día comprometido, lo más probable es que nos estemos cubriendo con prendas fabricadas por niños esclavos. Este es el horror cotidiano en el que vivimos, por esto quizás poca gente quiso escuchar como se merecen estas canciones cuando fueron editadas, y por esto, quizás, tampoco queremos escucharlas ahora.
Además de los tres miembros de 713avo Amor, participaron en esta grabación Belén Valverde y Nima, que se ocuparon de los coros de un par de temas, y Javier Almendral, que tocó el bajo, la guitarra, puso la voz a Lodo y aportó coros, y del que el libreto del CD dice que además absorbió muy bien la idea del grupo y fue fundamental en su resultado final, "sin él hubiera sido posible, pero diferente". Bendito encuentro ese del año 92 con el que empezábamos esta reseña.



lunes, 22 de septiembre de 2014

Ama Say - Ikusi Ditut Umeak Kalean Ametsak Akatzen (Esan Ozenki Records 1993)

Esan Ozenki se estrenó en 1991 con el segundo disco de Negu Gorriak. A partir de ahí, a las primeras de cambio, fue añadiendo referencias de viejos conocidos por aquello del rock radikal vasco y aledaños como Danba y Delirium Tremens, a la vez que presentó en sociedad, al menos al resto del estado, a otras bandas adictas a los sonidos duros como Anestesia, Su Ta Gar, EH Sukarra y Etsaiak. Pero ya sabemos que la cantera de Euskadi es infinita, y muy interesante, y Esan Ozenki no dudo en acoger en su seno a muchas bandas con cosas que decir, independientemente de a qué sonasen, así en su catálogo se acumulan discos de bandas que son una debilidad en esta casa, como Anari, Dut, Deabruak Teilatuetan, Akauzazte, Lisabö y Ama Say, a los que traemos hoy a este blog con su primer disco.
Todavía recuerdo como este álbum sacudió mi habitación y sus alrededores, llevándose por delante a muchos de aquellos discos que se habían puesto en circulación al amparo del noise pop. Y lo hizo a base de canciones con un brío y una pegada brutales, en las que los estribillos se gritan y las guitarras eléctricas conviven con leves toques acústicos, donde el punk, el pop y la electricidad se conjugan para crear la adicción y estirar el rock, donde el euskera y el inglés se alternan dentro de un mismo tema aprovechando la fuerza del primero y la musicalidad del segundo para que el repiqueteo en las sienes sea incesante.
Canciones en las que conviven pesadilla y sosiego, donde lo mismo la voz principal se torna grito desesperado que se estrujan las posibilidades que dan las del resto de componentes, en las que los arreglos igual se hacen con algo de electrónica que con una guitarra española.
Once canciones construidas con las mismas técnicas que nos habían enseñado los Pixies unos años antes, aunque aquí viradas al negro, que dieron como resultado uno de los mejores debuts de aquellos años, objetivamente hablando, y un discazo de canciones inolvidables para el único habitante de aquella habitación que quedó arrasada.
En esta disco Ama Say fueron Gontzal, Carlos, Topo, Txabi y Javi Di Die, y después de este disco llegó el EP No Iz Pop? y un segundo disco de título Say Ama.