miércoles, 18 de diciembre de 2013

Mi carro me lo robaron

La vida sin sobresaltos en esta esquinita de Fuerteventura es absolutamente necesaria para mi. Mi mejor terapia, el sitio donde mejor me he sentido en mi vida.
Pero hace 15 días ocurrió algo inesperado. Al salir de casa con mi hija Irene, su carro no estaba en el portal del edificio, que es donde lo dejábamos siempre. No me quedó más remedio que cantar esta canción mientras hacía los mandados con ella en brazos, que pesa lo suyo.


Así anduve yo unos días un poco decepcionado, pensando en la propiedad privada, el reparto desigual de la riqueza, el derecho a robar lo que se necesita, lo mal que lo está pasando mucha gente, y algunas piezas más de ese puzzle tan difícil de encajar de manera coherente.
A la semana vimos a una chica con nuestro carro y dejé de lado tanta racionalidad. Otra persona con el carro de mi hija pasea por delante de mi casa tan tranquila... Eso es pasarse, ¿no?. Nos acercamos y le preguntamos si le habían vendido el carro de segunda mano hacía poco, y nos dice que no, que ese carro es suyo y que lo tiene desde que nació su hijo. ¡Qué cosas! Maldito género humano, ¿por qué me pone las cosas tan difíciles?
Como esto es tan pequeñito y nos conocemos todos, ayer hablé con dos personas muy cercanas a la chica y les expliqué la situación y que consideraba justo que me lo devolviesen. Todo muy pacífico, sin que nadie alzase la voz. Esta mañana me estaban esperando en la puerta de casa para dármelo.
Todo solucionado, sin crimen ni castigo, ni por supuesto, intervención de uniformados. Solo errores con fácil solución, y yo reconciliado con el género humano, contento y feliz de vivir en esta esquinita de Fuerteventura sin sobresaltos. Que pasen buen día.

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