jueves, 11 de diciembre de 2014

Mi biografía en un millón de microcapítulos musicales (XXIII)

(Como hace mucho que no le dedicaba una entrada en este blog a mis recuerdos musicales, me tomo la licencia de recordarles brévemente por"cuándo" íbamos)

En episodios anteriores...
Había pasado dos años en Valencia, estudiando sin mucha fortuna y viendo todos los conciertos que se me pusieron a tiro. Había hecho amigos y me sentía bien allí... pero algo fallaba. La morriña y el descontrol me hicieron pensar que lo mejor era volver a casa. Esto fue en junio de 1994.

En el episodio de hoy...
Una vez decidido que me volvía a Tenerife, me sentí bien, volvía a estar cerca de mis amigos de toda la vida y de mi familia. Además el mal de amores que me hizo abandonar la isla ya estaba mas que superado. La única pena era la de saber que la oferta musical se veía drásticamente reducida, ni conciertos cada fin de semana, ni tiendas de discos en las que echar horas y horas.
Aunque en los dos años que había estado fuera, también había cosas que habían cambiado en La Laguna. Estaba el Nueva Visión, un bar como dios manda. Proyectaban películas que de otra manera en aquella época nunca se hubiesen visto en la isla, recuerdo Amateur de Hal Hartley y el ciclo dedicado a Ed Wood. El Flaco y yo nos hicimos habituales, era raro el día que no pasábamos por allí a echar una cerveza o un cortado. Un día que no había nadie le pedí permiso al dueño para pasar tras la barra y ojear los discos que tenía. Entre ellos apareció el de Demonios Tus Ojos que, al ver mi entusiasmo, me vendió por 2000 pesetas. También hacía conciertos, el primero que cuadró cuando ya éramos habituales fue el de un tipo que se llamaba Sito Morales. Fui sin mucho entusiasmo, nunca había hecho mucho caso a la larga tradición de cantautores que acumula La Laguna, y salí encantado y enganchado a lo que había oído.



A parte del Voces Paganas de Sito, durante el 95, de manera un tanto casual, me fueron llegando unas cuantas grabaciones hechas en la isla que me parecieron enormes, por primera vez pensé que no teníamos nada que envidiar a la música que se hacía por otros lares. Un viejo amigo del instituto, Popo, obseso de la Velvet por aquella época, andaba en filología inglesa. En las aulas de esa facultad conoció a un tal Carlos que tenía un grupo que se llamaba Cabeza Borradora. Yo ya no escuchaba mucha radio, pero él no dejaba de decirme que su maqueta no dejaban de ponerla en Radio 3 y me la pasó. Remain The Light, aquella maqueta, era algo maravilloso. Fue la única cinta en mi coche durante meses.



Popo andaba bastante pendiente de lo que pasaba en la isla y cuando nos veíamos siempre me hablaba de algún grupo y me dejaba cintas con cosas grabadas, la mayoría de las veces no muy documentadas. De todas aquellas cintas, un que ponía Los Diplomáticos - Maqueta se convirtió en mi favorita.




Otra amiga, Gigi, me apareció un día con la cinta que había grabado el novio de su amiga. "Txetxo, creo que se llama", me dijo. Ella no, pero yo sí sabía que ese hombre era uno de los guitarras de Conemrad, un pequeño ídolo de nuestra tierna juventud, y acogí la cinta con entusiasmo. Tiempo De Respirar  se titulaba, y bueno, recuerdo que pensé que era bonita, y también punk, y había amor, y rabia, y poesía, y desencanto, y tener todo eso junto en una misma cinta, a los 20 o 21 años, era muy buena cosa.



Por otra parte Screetch me tenía al tanto de lo que pasaba en Gran Canaria, la isla de enfrente. Según él, allí lo estaban petando unos tal Soviet Love, que se autoeditaban a través de su propio sello Ruin Records que, en aquel 95, sirvió también de plataforma para la edición de los primeros trabajos en single de Sin Radio, Inadaptados y King Trash Fandango. Screetch se venía a Tenerife a ver a la familia cada par de meses, en un viaje se llevaba las cintas vírgenes y en el siguiente me las devolvía repletas. De todo lo que me grabó, a lo que le tengo más cariño es al primer disco de Hermanitas, que me pude agenciar muchos años más tarde.
La cosa en las islas no estaba tan aburrida como yo creía, y entre perseguir a Sito cada vez que tocaba por La Laguna, a Cabeza Borradora allá a donde fueran y unas cosas y otras, pues al final me quedé con la sensación de que el cambio había sido un acierto. Y razón no me faltaba...





En el próximo episodio...
El Ruta 66, el Barremoto, que sí, que estaba en el culo del mundo, y de cómo irrumpió El Cordobés en el barrio y nos puso las pilas a todos.

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