
A mi nunca me habían interesado los boleros, ni la canción ligera, ni esas cosas. Aunque irremediablemente alguno se había metido en mi cabeza a causa de las excesiva exposición a los horrorosos programas del sábado por la noche que presentaba y producía José Luis Moreno a las que era sometido de pequeño, cuando solo existían dos cadenas en la tele.
El primer volumen de los boleros enfermos de amor de Corcobado Y Cría Cuervos y la excelente reseña que de este disco sacó el Rockdelux en su momento me animaron a comprarlo. Tenía 22 o 23 años por entonces y recuerdo que durante muchos días lo ponía para echarme la siesta. Me ensimismaba la cadencia de las notas del piano, que contestaba a cada verso de Mayte, a la vez que las modulaciones de su voz me mantenían atento. Además las letras eran perfectas para mis películas mentales de fracasos o esperanzas amorosas que me atolondraban cuando era joven. Echado sobre la cama, con este disco, vivía el amor intensamente.
Después de las campanadas que dieron inicio a este 2015, como estábamos todos en casa felices, lo puse un rato y mi padre cayó otra vez bajo su embrujo, no sé qué cosas vendrían a su mente, allí se quedo un rato quieto, repitiendo, "que bien canta esta mujer". Yo en días sucesivos probé lo de echarme en la cama y escucharlo tranquilo, pero a mi ya no me resultó, no volví a los veinte años. El reloj nunca se para, sigue marcando las horas.
Además de Mayte Martín y Tete Montoliu participan en este disco, que fue grabado en directo, Horacio Fumero al contrabajo y Nan Mercader a la percusión.
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