viernes, 10 de enero de 2014

Mi biografía en un millón de microcapítulos musicales (XXI)


Así que al comienzo del verano del 92 estaba yo alucinando con el nuevo mundo musical que me había abierto el Rockdelux y Radio 3, desencantado con el amor y pensando, pensando, pensando qué hacer con mi vida. En aquellos momentos, me pareció que lo mejor era abandonar Tenerife.
"Papá, no quiero estudiar Matemáticas, quiero ser Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos". Y allá que pusimos preinscripción en Madrid y Valencia. Tocó la segunda.
Mi padre y yo nos fuimos en julio a formalizar las cosas, buscar residencia y esas cosas. Mientras íbamos de un lado a otro, arreglando papeles, pagando, preguntando, yo de reojillo me iba fijando en si tropezábamos con alguna tienda de discos. Pero claro, como dos turistas de provincias que eramos, con lo que tropezamos fue con El Corte Inglés, que también era algo inaudito para mí. En Tenerife no había de eso hasta hace bien poco.
Dos discos me llevé de mi primera visita a tan ilustre establecimiento. Hipnosis de Lagartija Nick y Volumen Uno de Los Navajos. Cuando volvímos a Tenerife, con todo atado en Valencia, fueron a parar junto con Fotógrafo Del Cielo de los Surfin' Bichos y Los Bichos... In Bitter Pink (que ya estaban en casa) a una estantería distinta del resto de discos. Una nueva era empezaba, o eso creía yo.



Acabó el verano y tocaba empezar mi nueva vida cargado de camisetas térmicas, un paraguas y otros artilugios de uso poco frecuente para mi. En la residencia, de nombre Ausias March, no pude tener mejor suerte. Mi compañero de habitación se llamaba Iker Alberdi, un adicto a los sonidos de su tierra, orgulloso borroka (yo no había oído esa palabra en mi vida, todavía no la decían en la tele) y estupenda persona. Aprendí mucho, me enseñó a Laboa y Lertxundi, Tapia Eta Leturia y Oskorri, y cuando no aprendía era porque estábamos escuchando a BAP!!, Kortatu, Delirium Tremens, Zarrapo, Barricada y esas cosas. Fue una lástima que al poco tiempo decidiera irse a un piso con otros amigos; aunque a cambio me tocó quedarme con la habitación doble para mi solo, que tampoco era mala cosa.
Descubrir a Laboa es de lo mejor que le puede pasar a cualquier persona. Háganlo.



Pasé los tres primeros meses muy solo, no conectaba con nadie y di mucha pata por la ciudad. Así encontré Harmony Discos, en el túnel que había muy cerquita de la plaza de toros (Pasaje Dr. Serra para los valencianos). Una tienda maravillosa donde para comprar un disco, tenía que decidirme entre 30 o 40 que me interesaban, y no entre uno o ninguno, que era a lo que estaba acostumbrado antes. El primero que me agencié creo que fue el single de 713avo Amor, con Limosna Para Morir y Cielo Bajo Tierra. Aquí una foto actual que les he robado del facebook.


También veía muchos carteles de conciertos, y al poco de estar allí hubo uno al que no me pude resistir, aunque me tocó ir solo, era cerca de la residencia y gratis. Los Clavos, y como teloneros El Inquilino Comunista, la gran promesa de la música independiente según mi revista de cabecera. El sitio de llamaba Glop. El escenario tenía 10 centímetros de alto y exagerando el local tendría 30 metros cuadrados. Nunca había estado en un sitio así. Muy intenso todo.



Después de navidades ya me sentía en Valencia como pez en el agua, hasta hice amigos, y la cosa fue mucho mejor...

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