
Y es que no podemos culpar a nadie de que a la tribu lo que le pusiese era lo de macumba. Pues bien, en este disco hay mucho macumba. Desde el principio, en el que los componentes del grupo comienzan invocándose a gritos desenfrenados hasta ese aviso de la llegada de Hammurabi del último tema, todo es un ritual desconocido, irrefrenable, inesperado, al que sólo los miembros de Za! pueden encontrar coherencia, ellos son los únicos que saben el porqué de cada silencio, de cada sonido, de cada frase, de cada cántico. Igual al principio todo fue fruto del azar, pero el tiempo le ha dado el sentido que sólo ellos conocen, y al espectador sólo le queda admirarlo con curiosidad, sorprenderse una y mil veces ante el raudal de sonidos que se le viene encima, abandonar sus esquemas preconcebidos incapaz de descifrar ni tan siquiera su estructura, y dejarse fascinar por tan atropellada, bestia, y cuando se sabe mirar, también sutil, celebración.
Así que usted ya sabe, ofrézcanle lo que le ofrezcan, elija macumba y mantenga bien abiertos los ojos, no se lo pierda. La muerte siempre está ahí.
En esta ocasión la tribu Za! todavía estaba formada por tres individuos, que responden a los nombres de Papa Dupau, Spazzfrika Ehd! y Happy A (a.k.a. Der Buggamaistah).
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