
Desde el formato usual del rock, guitarra, bajo y batería, hasta la creación de extraños artefactos, todo valía para generar ruido.
Dentro de estas múltiples posibilidades, Bazvotni opta por una batería, voz y algunos micros. Y con estos elementos graba doce minutos de música, dividida en diez arrebatos veloces, en los que los balbuceos se mezclan con platillos y bombos, en los que desvaríos vocales conviven con ritmos frenéticos, en los que los acoples se suman a plegarias incoherentes y en los que los golpes se tropiezan con el farfulleo.
En definitiva, esto es una locura, un disparate, una barbaridad. Las voces le dan un carácter primitivo y alucinado, vienen a la cabeza las viejas curanderas que repetían sus incomprensibles rezados para curar el mal de ojo o el cuajo, o imaginados chamanes decrépitos que se quedaron colgados al acudir tanto al mundo de los ancestros. Algunas veces parece evidente que todo está hecho con mucho humor y otras, cada sonido parece ir por libre... aunque en un instante todo puede cambiar y de repente puedes creer estar escuchando algo parecido a una canción.
Esta fue su primera grabación, a la que un año más tarde siguió una cinta compartida con Lysergic Farmers Of The West. Después el silencio, pero solo de este proyecto, porque Rafa Pier, el hombre detrás de Bazvotni, es de los que no paran.
No hay comentarios:
Publicar un comentario