Pero es que aunque la cosa pueda comenzar pareciendo un chiste, con Los Buenos Recuerdos, en la que Jonston anuncia su intención de acudir a un taller de memoria para que le borren los malos recuerdos, el disco se convierte enseguida en un juego de espejos, donde independientemente de lo que se canta, o al contrario, debido a lo que se canta, uno va estableciendo su propio diálogo con las canciones, y si en Despierte Comandante Cousteau aparece la colección de El Barco De Vapor, yo contesto que era más de Elige Tu Propia Aventura. Si él era de los de no me vuelvo a enamorar, yo era más de los de no vuelvo a beber.
Y claro, hay coincidencias ineludibles, lugares comunes, como las consultas al horóscopo, los primeros amores, ese fatídico año en que te cambia la voz y unas cuantas cosas más.
Pero no sólo hay recuerdos de infancia y adolescencia, hay en las canciones otro juego, esta vez de causas y consecuencias entre lo que uno vivió de niño y lo que que uno es ahora. Así que de liviandad nada, emociones serias y profundas, y pequeños detalles que te hielan la sonrisa como ese cerrar la puerta de la habitación para jugar tranquilo porque hay discusión en el salón, o esa crónica de cómo duele la crueldad infantil aunque esté amparada en la inocencia.
Todas estas canciones-recuerdos-crónicas que aquí se comparten vienen vestidas con pop de trazos perfectos, colorido y delicado, elegante, sorprendente y muy bien armado. Y además envuelto en una portada alucinante de Olaf Ladousse.
Así que solo me queda decirles que hagan como yo, regálense este disco y aprovechen la ocasión para poner encima de la mesa las piezas de su puzzle vital y echarles un buen vistazo, siempre es un ejercicio sano.
Este es el segundo trabajo de Jonston, y en esta ocasión le ayudaron a llevar estas canciones a buen puerto Ricardo Alonso, Juan Ferrari, Joan Vich, Paco Loco y Muni Camón.
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