
Las canciones se van sucediendo a ritmo trepidante, formando una sucesión de electroshocks, de ruidos que funcionan como flashes y que hacen que lo escuchado se mezcle con lo imaginado, y uno pase un buen rato entre gruñidos, radiocassettes de perillas con los que era totalmente imposible sintonizar algo en condiciones, consejos para mejorar la conducción y la cinta de Ramón Calduch de mi padre. Cristales empañados en coches aparcados en paralelo, el estado del tráfico justo en este momento, asientos quemados por chinas, ruidos de extraña procedencia, la experiencia es un grado, trozos de bujías destrozando lunas de coches.
La bandera de Iron Maiden en el techo y el culo de aquel que llamábamos El Tubo asomado por la ventana, móntate con nosotros. Crash, la de David Cronenberg, toda la saga Mad Max y también Tetsuo, Benito cogiendo las llaves del coche de su padre para quemar las calles del barrio a medianoche, el resto de mi familia va en moto mucho más que yo, sople aquí, son 100000 pesetas.
Todo esto y más en una cinta color tapicería de cuero entre negro y rojo, que además trae tres pequeños inserts con extraños dibujos motóricos.
Los motores son, o fueron, parte de nuestra vida. Solo echo de menos volver a escuchar aquello de "¡Trata de arrancarlo, Carlos!", seguido por el desgarrador ¡¡¡Me cago en su puta madre!!!" en horario de máxima audiencia. Voy a buscarlo en YouTube.
Una burguer veggie por favor!
ResponderEliminar